23 abr. 2024

“Las élites tienen que empatizar con la realidad y escuchar a la gente común”

El consultor chileno Pablo Reyes habla de que la sociedad chilena demanda cambios estructurales para poner fin a la crisis. Señala que las élites no escuchan al ciudadano común y aplican sus lógicas.

Crisis. Pablo Reyes habla de que los sectores de poder no escuchan y deciden por el resto.

Crisis. Pablo Reyes habla de que los sectores de poder no escuchan y deciden por el resto.

Pablo Reyes Arellano, director ejecutivo de la Plataforma Áurea y de Arca Latam, está en nuestro país diseñando una investigación sobre la evolución cultural de nuestro país que será publicada en un libro con el nombre de La segunda transición, que evalúa a las élites económicas, políticas, sociales y religiosas. En esta entrevista nos da un panorama sobre el levantamiento social que se produce en Chile y sobre la necesidad imperante de que quienes integran las élites políticas y económicas se pongan en el lugar del ciudadano común, escuchen y entiendan sus reclamos para hacer los cambios necesarios a fin de generar una mejor calidad de vida, y evitar que haya un estallido social, que termine siendo un retroceso para el avance de un país.

–En Paraguay vemos ciertos presupuestos sociales como un hervidero que puede generar un levantamiento social. ¿Cree que el estallido que se da en Chile pueda replicarse en otros países como Paraguay?

–No creo que sea un fenómeno que sea transversal a América Latina. Lo que nosotros vemos aquí es que, si bien es cierto existe el riesgo de una crisis cultural, es distinto de lo que ocurre en Chile ahora, porque la sensibilidad social que existe en Chile es distinta a la que existe acá. Aquí todavía tenemos ciertas lógicas de poder, de grandes dueños del poder, por así decir y de un Estado que todavía está ordenándose para ser un Estado más eficiente. La crisis cultural que podría venir aquí podría ser distinta, puede ser un retroceso más grande que el de Chile.

–¿Por qué dice que es un retroceso que la gente salga a reclamar sus derechos?

–En los procesos sociales, cuando hay tensión, hay dos posibilidades de cambio como la evolución y la revolución. El proceso evolutivo, que es lo que nosotros estamos propiciando, tiene que ver con ir escuchando las tensiones existentes para poder gestionarlas y llevarlas a un estadio de integración, de logro y de orden. El proceso de revolución es tener que salir a reclamar los derechos. En Chile había más de 1.200.000 personas, es decir, el 20% de la población de Santiago estaba manifestándose en las calles. Cuando aparece la violencia del Estado, por un lado, y la violencia de algunos grupos de manifestantes, genera miedo. El miedo es la emoción más básica que tenemos. Nos arroja formas de solucionar que son más básicas. Empiezan a aparecer, sobre todo políticos de la derecha, de alguna forma llamando y validando que la gente se va a tener que defender de la gente y ahí empezamos a poner ciudadanos contra ciudadanos y eso es un retroceso brutal.

–Se sembró el temor por decir de alguna forma...

–Hay alertas y alarmas de guerra civil que son hasta irresponsables. Debe haber un Estado que logre poner orden para que no cunda el pánico entre la ciudadanía y en este momento están diciendo que la ciudadanía se tiene que defender.

–¿Esta crisis podría terminar o pacificarse con la renuncia de Sebastián Piñera?

–Yo creo que los Estados tienen que tener la posibilidad de que los presidentes renuncien y seguir con su proceso democrático si es que el mandato popular le quita al presidente que esta de turno.

Podría haber una salida democrática que implique la salida del presidente. Pero hay que tener en cuenta que esa salida del presidente puede ser una medida hasta cosmética, porque si es que no se atienden las demandas profundas de cambios estructurales en la Constitución, en la educación, en el tema impositivo, podría volver a darse una crisis de vuelta en un par de años.

Si en este momento hubiera una salida de Gobierno, que no creo que suceda en el corto plazo, el movimiento quedaría parado, porque se quedaría de cierta forma sin enemigo. Tendría que haber un reacomodo necesariamente para ver qué sucede.

–¿Qué debe hacer un Estado como el nuestro para satisfacer las demandas y evitar fenómenos como el que se da en Chile?

–Se tiene que establecer una estructura de Estado que sea lo suficientemente proba para que el empresariado y los inversionistas, puedan confiar en el Estado como una forma de regulación de lo común. Todos los antecedentes como la corrupción atentan contra la confianza pública. La confianza pública es el piso social para poder operar en una sociedad democrática moderna.

–¿Qué autocrítica deben hacer los sectores poderosos teniendo en cuenta la brecha que hay entre ellos y la sociedad?

–Hay una desconexión de las élites económicas y políticas de la escucha social profunda de lo que se está manifestando en el ciudadano común, cuáles son sus dolores y sus necesidades. No deben pensar que su lógica es la que opera para todos porque cuando hacen eso, piensan que los demás tienen demandas superficiales. Pero si se van a vivir con el sueldo mínimo, no creo que sean capaces de vivir con el sueldo mínimo. Esa es la realidad. No hay capacidad de empatizar ni siquiera con la realidad y hay que hacer un ejercicio profundo de empatizar con la realidad.

–Las élites deciden por el resto de la ciudadanía.

–Nosotros vemos que las élites, sobre todo en Latinoamérica, donde venimos de una tradición colonial, es decir, hay una tradición oligárquica detrás. Hay un riesgo de creer que lo que siente la élite es lo que el resto de la gente necesita, quiere. Creer que yo puedo pensar por el otro, saber qué es lo que quiere el otro y podemos aplicar la lógica del chorreo que es el que de arriba puede decidir por el bienestar de los demás. El descalce de las élites con respecto a lo que está pasando, nos tiene en situaciones como las de Chile, donde el descalce era brutal.

–¿En Chile hay una desconexión total de los sectores de poder con la realidad?

–El descalce de las élites con respecto a lo que está pasando nos tiene en situaciones como las de Chile, donde el descalce era brutal. No se escuchó esta manifestación, no se escuchó esta tensión política y social que había ahí, hasta que explotó. Lo que se llamó la revolución pingüina, que fue hace más de 10 años, en función de educación de calidad, estatuto docente, no ha sido escuchado y el problema de esa no escucha y medidas parches en el medio, hizo que la gente salga a las calles.

–¿Cuáles son esos desafíos?

–Los desafíos centrales están en cómo concebimos una lógica social, una lógica política que logre reconocer al ciudadano como actor clave del proceso y que logre una forma de distribuir el poder para abordar desafíos más complejos. La lógica de la verticalidad, de que una sola persona tenga el cargo y va comandando ya no da para la complejidad social que existe y menos aún para la velocidad con que está cambiando la sociedad. La lógica de verticalidad es cuando hay alguien que manda a los de abajo que son los que obedecen. La democracia se funda mucho en eso, de relegar el poder a otros. Pueden haber liderazgos distribuidos. Si una persona no tiene capacidad de escuchar, surgen zonas ciegas.

No hay capacidad de las élites de empatizar ni siquiera con la realidad y hay que hacer un ejercicio profundo de empatizar con la realidad de la mayoría.

Hay una desconexión de las élites económicas y políticas de la escucha social profunda de lo que se está manifestando en el ciudadano común, cuáles son sus necesidades.

Perfil
Pablo Reyes Arellano es ingeniero comercial y docente. Es coautor junto a Daniel Fernández Koprich del libro La nueva élite, la transición evolutiva de la sociedad chilena. Es consultor organizacional, con experiencia en procesos de integración cultural estratégica, diseño cultural, aprendizaje organizacional y rediseño de organizaciones.

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