18 may. 2026

La zorra y las uvas

Parafraseando la frase popular referida a Dios, podría decirse que parte de la izquierda paraguaya está escribiendo derecho sobre líneas torcidas. Se ha montado a la inquina que la disidencia colorada le tiene a Cartes y aprovecha para imponer su agenda programática. Algo que no lo conseguiría solo con sus votos propios. Ahora es el Frente Guasu el que apela a “pactos con el enemigo” –algo que antes achacaban a Avanza País–, pero eso es anecdótico.

Esa nueva mayoría consiguió que el Senado aprobara proyectos que serían impensables hace dos meses. Por ejemplo, la expropiación de más de 11.000 hectáreas del zar de la soja, Tranquilo Favero. O la modificación de un artículo clave de la Ley de Alianza Público-Privada (APP). O el aumento al 20% del impuesto al tabaco. O el inminente gravamen del 15% a la exportación de soja, maíz y trigo.

Conscientes de que esta coyuntura favorable es efímera, la izquierda anuncia presurosa la próxima presentación de proyectos de ley que modificarán el sistema impositivo del país, la Ley de Defensa Nacional, la ley de impuesto inmobiliario, la ley de hidrocarburos y la ley de seguridad alimentaria. Tienen tiempo hasta las internas coloradas de fines de julio. Después, no se puede garantizar nada.

Uno se emocionaría con estos avances progresistas si no fuera por un feo dato discordante: ninguna de estas propuestas tiene la menor posibilidad de ser aprobada por los diputados. Ya rechazaron la expropiación de las tierras de Favero y la modificación a la Ley de APP y harán lo mismo con cada uno de los proyectos que le lleguen de Senadores. Ni siquiera hay necesidad de recurrir al veto presidencial.

Se trata, pues, de una de esas ficciones que, de tanto en tanto, nos ofrece la política nacional. Lo realmente importante no tiene relación con la izquierda sino con la ANR: Marito Abdo será presidente del Congreso. Adquiere un protagonismo sumamente incómodo para el cartismo y se mete en la línea de sucesión presidencial, algo que en estas tierras nunca es un dato menor. Por eso, el oficialismo colorado –que no se deja hipnotizar por fábulas– hizo lo imposible por evitarlo y, ocurrida la pequeña catástrofe, no le quedó otra alternativa que decir que se trata de algo irrelevante. Cuando hablan de premio consuelo, en realidad están jugando el papel de la zorra que miraba con falsa indiferencia a las uvas.

La verdadera agenda no es la de la izquierda, sino la colorada. Es esta una historia harto conocida. La disputa colorada paraliza al país mientras los liberales están sumidos en una inexpresiva ambigüedad y la izquierda celebra victorias pírricas.