15 abr. 2026

La tierra en Paraguay es un histórico problema sin resolver

La tierra más que un factor de producción constituye el centro de la vida y del arraigo para las poblaciones campesinas y es parte ineludible de la cosmovisión indígena. Ahí es donde se construyen los vínculos entre las personas y entre estas y su ambiente. Es la que produce vida y la que permite el desarrollo de gran parte de la biodiversidad. Sin el cuidado de la tierra no sería posible la supervivencia humana ni de otros seres vivos. Por eso, la sociedad debe analizar cómo gestiona el acceso, la propiedad y su manejo para lograr su desarrollo.

El problema de la tierra en Paraguay no es menor; es uno de los países de mayor desigualdad en tal sentido. Con un índice de Gini de 0,98, detenta casi una igualdad perfecta y mucho mayor que la desigualdad del ingreso. La tierra es la que produce vida y es la que permite el desarrollo de gran parte de la biodiversidad; sin su cuidado no sería factible la supervivencia humana como tampoco de otros seres vivos. Es por eso que se debe analizar la manera en que una sociedad la gestiona para lograr su desarrollo.

Gran parte de la conflictividad social y económica se genera de la propiedad de la tierra. Una de las formas de mayor violencia durante la Colonia contra los pueblos indígenas se dio en el pasado con el despojo de sus territorios. Durante la dictadura stronista, importantes casos de represión, muerte y desaparición se produjeron debido a la organización campesina que buscaba proteger sus tierras y sus medios de vida.

En el presente, la expansión de la frontera agrícola por medio de la deforestación nos ubica entre los países de mayor deforestación a nivel mundial. El otro medio de expansión es la expulsión de campesinos e indígenas por la vía de la migración o de los desalojos violentos, muchas veces al margen de la ley, quienes llegan a áreas urbanas sin medios de vida por lo que en muchos casos terminan deambulando en las calles o trabajando de manera precaria.

Además de la conflictividad social y política que se deriva de los altos niveles de desigualdad en el acceso, una economía centrada en la producción y exportación de pocos productos agropecuarios a pocos mercados nos pone en una situación de alta volatilidad y escaso valor agregado.

La histórica mala gestión de la tierra no tiene efectos solo en el sector rural. Sus consecuencias se trasladan a la vida de toda la población, ya que nos ha convertido en un país donde una parte minoritaria de la población lograr tener elevados niveles de calidad de vida, pero la gran mayoría permanece al margen de los beneficios.

A pesar de los altos niveles de crecimiento económico, una cuarta parte de la población permanece en situación de pobreza; esta cifra se eleva al 40% si consideramos la niñez. Si bien alrededor del 70% está por arriba de la línea de pobreza, la mayoría no cuenta con mecanismos de protección social y ni siquiera niveles adecuados de educación que les garanticen acceder a un empleo de calidad. Así, se llega a la vejez sin jubilación ni acceso a servicios de cuidado de calidad.

En los últimos meses se han visto otras consecuencias, como el aumento de la inflación de alimentos. Siendo Paraguay un país productor y exportador de alimentos, desde hace años aumentamos la importación de frutas y verduras que forman parte de nuestra canasta básica, con lo cual debilitamos nuestra seguridad y soberanía alimentaria. En lugar de constituirnos en un país exitoso por la menor incidencia de la inflación a causa de la pospandemia y de la guerra Rusia-Ucrania, resulta que somos uno de los más afectados.

La institucionalidad pública, tal como funciona en la actualidad, no solo no es capaz de contribuir a reducir la desigual distribución de la tierra, ni siquiera logra hacer cumplir las normas vigentes convirtiéndonos en un país en el que el apego a la ley es uno de los grandes desafíos.

Este año, la Semana Social Nacional, evento anual desarrollado por la Conferencia Episcopal Paraguaya con el apoyo de la Pastoral Social y del Centro de Ética Social, se dedicó al análisis de la propiedad de la tierra en Paraguay y sus efectos. Los datos que se presentaron constituyen una evidencia palpable de que algo no funciona bien y necesitamos debatir y proponer soluciones al respecto.

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