El próximo viernes es el Día de la Juventud. Esta semana, como todos los años en setiembre, entran en escena los jóvenes. Paneles, charlas, seminarios, libros, folletos, conciertos, teatro, películas, espacios periodísticos?, todo estará “pensado” para ellos y dirigido a ellos. Esta semana.
Ahí tenemos ya, de nuevo en el tapete, el tema de la Ley del Primer Empleo, por ejemplo. No quiero ser mala onda, pero no sé desde hace cuántos años, cuántos políticos se han embanderado con el asunto que hasta ahora es puro blablablá. Hay cientos de jóvenes que siguen aplanando las calles y empapelando las oficinas en busca de su primer laburo, pero como no tienen experiencia? a seguir pateando.
Son más de 120.000 los que están desempleados; y encima un tercio (32,3%) de la fuerza de trabajo joven y ocupada de las zonas urbanas se halla en el sector informal de la economía.
Insisto, no quiero tirar mala onda, porque además estamos en el mes de las flores, que este año se convirtió en el mes del fuego y la bruma. Pero cuánto hace que venimos escuchando que la educación necesita reforzarse, que el sistema no funciona, que los estudiantes egresan cada vez menos preparados del colegio y de la universidad, y pese a eso, no pasa nada.
Y conste que solo 3 de cada 10 estudian y de ellos la mitad se dedica exclusivamente a esta actividad, los demás la combinan con el trabajo.
En estos días una alumna de un colegio de la vecina Luque, ante la consulta de si sabía cómo usar una computadora se sonrojó y confesó que nunca lo había hecho. Vive a pasos de la capital del país y es una analfabeta informática, ¿qué futuro le espera? Al menos vive con su familia, y no forma parte del 61% de los jóvenes que se ven obligados a emigrar.
Como es la semana del “futuro”, no podemos olvidar que hay miles de jóvenes que viven en la pobreza extrema. Y que uno de cada 100 chicos de 12 a 19 años utiliza alguna droga; 40% de los estudiantes bebe alcohol y 14 % consume tranquilizantes. No podemos olvidarlos porque son los que más nos necesitan como sociedad y tienen derecho a una oportunidad y tienen derecho a rehabilitarse.
No obstante, remarco, no es mi intención quemarle el domingo, ya suficiente tenemos con la desgracia de los incendios y la desidia de las autoridades que no reaccionaron para combatirlos, sino hasta que todo se perdió. Vaya, qué coincidencia con la realidad de los jóvenes: hasta ahora no se nota una acción decidida y perseverante de los gobernantes para evitar que muchos péndex pierdan la esperanza, lo que es igual a perderse en la vida.
No se trata de tirarle toda la carga al Estado, sino de que este cumpla su función básica de asegurar la estructura necesaria para que las familias se desarrollen. Y eso no lo hacen los que están ahora en el gobierno, ni los que estuvieron antes.
Es evidente entonces que los jóvenes son nomás luego el futuro, porque si vamos a esperar algo de los que manejan el presente, tiraremos la toalla y esa tampoco es la salida.
Claro que dedicarles una semana al año no alcanza. Salvo para desearles ¡feliz Día de la Juventud!