06 sept 2026

La odisea de nadar 7 horas en el mar para llegar a España y “cambiar de vida”

Sobre la arena de la playa de El Trampolín, en la ciudad española de Ceuta (norte de África), entre el bullicio de cientos de personas que cruzaron el mar hace poco más de una semana desde Marruecos hasta España, Azzdine camina cojeando en busca de ayuda sanitaria.

Ceuta pide el cierre de la frontera con Marruecos por la entrada de miles de migrantes

Miles de jóvenes marroquíes en la frontera entre Castillejos (Marruecos) y Ceuta (España) para tratar de cruzar la valla que separa las dos ciudades.

Foto: EFE

Tiene 22 años y llegó nadando desde Marruecos tras siete horas en el agua helada: “En Marruecos no hay una buena vida. He venido para cambiar la mía, a mejor”, explica a EFE tras haber sobrevivido a la travesía.

Su historia no es única. A su lado, miles de personas descansan agotadas junto a la orilla del mar. Llevan la misma ropa con la que cruzaron a nado hace días. Los más afortunados siguen teniendo sus zapatillas, aunque la mayoría están rotas. Los que menos, van descalzos.

El pasado 30 de julio, decenas de miles de personas, 72.000 según el Gobierno español, cruzaron a nado desde Marruecos a Ceuta; y aunque según fuentes oficiales, unas 70.000 ya regresaron a ese país, aún quedan muchos otros que permanecen en la ciudad, en situación muy precaria.

Atención médica a pie de playa

Al llegar a la orilla, la imagen es sobrecogedora. Los servicios médicos del hospital público de Ceuta y voluntarios de alguna ONG se trasladaron hasta allí para atender a los recién llegados, que aguardan turno por estricto orden de llegada. Pero no dan abasto: no son suficientes para atender todas las necesidades.

La mayoría muestra arañazos y cortes profundos en los pies, aunque también los hay con síntomas severos de deshidratación o fracturas óseas. Un joven se desmaya a pocos metros mientras otro intenta contener el sangrado abundante de una herida.

No solo hay marroquíes: la orilla congrega también a hombres llegados de Senegal, Nigeria y otros puntos del continente africano.

Refugio nocturno en el monte

Pese al cansancio, se cuidan y se ayudan entre ellos. Durante el día aprovechan las duchas públicas de la playa para asearse y llenar botellas de agua. La Cruz Roja trabaja sin descanso repartiendo comida y mantas. Sin embargo, al caer la noche, la mayoría prefiere escalar los pequeños montes que bordean la costa para dormir entre los árboles. “Allí nos sentimos más seguros”, confiesan.

En el monte es donde duerme Azzdine, quien al despertarse se descubrió una lesión en el pie que no sabe cómo se produjo. “Me desperté y vi la herida. Ahora he venido aquí para que me atiendan los médicos”, comenta a EFE, agradecido por la atención sanitaria recibida.

A pocos metros, Oussama, de 21 años, tiene la mano escayolada. Cruzó a nado el pasado miércoles a las tres de la tarde, algo que había intentado varias veces desde hace tres años, sin conseguirlo. Esta vez, al ver vídeos en redes sociales de mucha gente llegando a nado, volvió a intentarlo. Estuvo a punto de no contarlo.

“Pasé tres horas nadando en el mar. Estuve demasiado cerca de morir”, relata a EFE. En la carrera por tocar tierra firme, cayó y se fracturó un dedo.

“Me han dado medicinas, nos cuidan y nos dan comida. Gracias a España, esto jamás habría pasado en otros países”, asegura ilusionado, con la vista puesta en terminar sus estudios de Informática y poder enviar dinero a su madre enferma en Marruecos.

Un mensaje para avisar a sus familias

La mayoría de los que habitan esta playa son mayores de edad. Al ver acercarse a los periodistas, se aproximan con enorme respeto.

Preguntan si se sabe algo de su futuro, qué se va a hacer con ellos, cuándo va a cambiar su situación o si van a recibir algún tipo de protección. También piden prestada, casi con desesperación, alguna batería externa. Llevan días sin batería en los móviles y lo único que necesitan es enviar un mensaje a sus familias para decirles que están vivos y bien.

Tanto Azzdine como Oussama comparten la alegría inmensa de haber alcanzado suelo español, un sueño perseguido durante años. Sin embargo, a medida que pasan las horas, la euforia inicial va dejando paso a la incertidumbre: nadie sabe qué pasará mañana.

Fuente: EFE

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