Opinión

La nueva “limpieza del espíritu”

Carolina Cuenca

Cuando hablamos de espíritu humano aquí, atención, recordamos la enseñanza clásica y para muchos perenne de la filosofía del genio griego Aristóteles y nos referimos a la inteligencia y la voluntad que nos constituyen como seres libres. Con o sin reseñas evolucionistas, es imposible explicar el salto cualitativo del hombre, ser dotado de conciencia y libertad, con relación a cualquier otro habitante del mundo.

Quienes piensan, ya en economía, ya en cultura, ya en política, ya en educación o cualquier otra área del entendimiento, terminan siempre preguntándose, contemplando y admirando ese espíritu humano, consciente y libre, aunque sea como aspiración.

Por eso resultan tan preocupantes algunos signos y gestos de los nuevos autoproclamados “purificadores del espíritu”, que retroceden y pasan por encima de miles de años en el camino civilizatorio, cual chamanés posmodernos que pretenden “limpiar” nuestro espíritu, seduciendo y empujando a la vez a ciertas élites y masas hacia una misma dirección censuradora y homogeneizante.

No es broma. Solo hay que analizar estos sucesos no aislados como muestra: “Sí, creo que las estatuas del europeo blanco que dicen que fue Jesús también deberían ser derribadas (…). Son una forma de supremacía blanca. Todos sus cuadros y estatuas y los de su madre europea y sus amigos blancos deben de ser destruidos. Son una herramienta de opresión. Propaganda racista” (mensaje de Twitter de escritor y activista Shaun King, del movimiento Black Lives Matter).

«Nuestras instituciones culturales se enfrentan a un momento de prueba. Las poderosas protestas por la justicia racial y social están llevando a demandas atrasadas de reforma policial, junto con llamamientos más amplios para una mayor igualdad e inclusión en nuestra sociedad… Pero este ajuste de cuentas necesario también ha intensificado un nuevo conjunto de actitudes morales y compromisos políticos que tienden a debilitar nuestras reglas del debate abierto y la tolerancia de las diferencias a favor de la conformidad ideológica. Mientras aplaudimos el primer desarrollo, también levantamos nuestras voces contra el segundo». (Noam Chomsky, J. K. Rowling y otros 150 intelectuales firmantes de la carta en defensa del derecho a discrepar “sin consecuencias profesionales funestas” publicada por la revista estadounidense Harper’s Magazine).

A la famosa autora de Harry Potter la escracharon feo por ironizar en un Twitter sobre un texto en el que se refirieron a las mujeres como «personas que menstrúan» con el supuesto afán de no ofender a la comunidad trans.

Ni hablar de la hasta hace poco abanderada de la libertad de expresión, New York Times:

“Twitter no aparece en el directorio del New York Times… Pero Twitter se ha convertido en su editor definitivo. A medida que la ética y las costumbres de esa plataforma se han convertido en las del periódico, el propio periódico se ha convertido cada vez más en una especie de espacio de actuación. Las historias son elegidas y contadas de una manera que satisface a la más estrecha de las audiencias, en lugar de permitir a un público curioso leer sobre el mundo y sacar sus conclusiones. Siempre me enseñaron que los periodistas estaban encargados de escribir el primer borrador de la historia. Ahora, la historia en sí misma es una cosa más efímera moldeada para ajustarse a las necesidades de una narrativa predeterminada”. (Bari Weiss, quien fuera editora de la sección opinión del New York Times y renunció hace días).

Ojo, no solo fueron el ministro de Propaganda Goebbels y los de la SS nazi los que quemaron libros, violentaron centros culturales y persiguieron a los que se expresaban con libertad de espíritu, hubo organizaciones estudiantiles, profesores, intelectuales de la época que se prestaron a la censura y al terror totalitario en nombre de una “limpieza del espíritu”. Cualquier parecido...

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