Ellacuría fue un hombre de universidad. Diríamos un intelectual orgánico, pensador comprometido con la causa del pueblo y nada menos que en una guerra civil. Él considera que la universidad participa en los procesos históricos de un país para hacer las transformaciones que necesita. Todo esto sin convertirse en la seccional de un partido político. “En política la universidad debe actuar políticamente”.
Leamos sus mismas palabras: “La forma específica en que la universidad debe de ponerse al servicio de todos es dirigiendo su atención, sus esfuerzos y su funcionamiento universitario al estudio de aquellas estructuras, que por ser estructuras, condicionan para bien o para mal la vida de todos los ciudadanos”.
“Debe de analizarlas críticamente, debe de contribuir universitariamente a la denuncia y destrucción de las injusticias, debe crear modelos nuevos para que la sociedad y el Estado puedan ponerlos en marcha. Insustituible la labor de una universidad en su servicio al país”.
“De esta orientación se aprovecharán además estudiantes y profesores, al vivir en una universidad que, al ser lo que debe de ser, ofrece una tarea crítica y creadora, sin las que no hay formación universitaria”.
¿Con todo lo que nos ha escrito sobre la universidad, qué pensaría Ellacuría sobre las universidades garaje creadas por parlamentarios o comerciantes para vender títulos a partir de una asistencia los sábados por la tarde?
¿Cómo catalogaría la intromisión en los centros de estudiantes de la UNA de políticos que van a ganarlos como trofeo de caza para su partido?
¿Qué diría de nuestras universidades caras que están al margen total de la realidad del Paraguay?