Aunque no manejo la cifra exacta, tengo entendido que el número de excombatientes de la Guerra del Chaco vivos ya no supera los 500. Cada año van quedando menos.
Este viernes se recordará una fecha más de la Paz del Chaco, y algunos pocos serán homenajeados como es habitual. Otros seguirán su vida habitual de olvido social.
Creo que las políticas de asistencia a estas personas sobrevivientes de la última guerra internacional que tuvo nuestro país deben ser dictadas por especialistas. Hay un consenso en que no reciben el trato que merecen en tributo al sacrificio que hicieron en su juventud. Incluso este consenso es compartido por los gobernantes, y, sin embargo, no vemos iniciativas para mejorar tal situación de parte de estos.
Pero sí me atrevo a lanzar una sugerencia a los investigadores sociales, en cuanto se refiere a la memoria social que estos señores conservan y que se va perdiendo irremediablemente a medida que van muriendo. Los excombatientes fueron a la guerra contra Bolivia en un momento de la historia que conocemos gracias a estudios de importantes historiadores. Sin embargo, creo que ellos son una fuente de memoria colectiva invaluable para conocer el espíritu del tiempo de entreguerras.
No debemos olvidar que apenas terminada la Guerra contra la Triple Alianza, nuestro país ya avizoraba problemas con Bolivia. De ahí todos los preparativos, entre ellos la defensa de nuestros derechos a cargo de historiadores como Audibert y Garay, y sus seguidores como Domínguez y Moreno. Uno de los temas más intrigantes es explicar cómo nuestra nación derrotada y arrasada pudo formar a una nueva generación que tuvo el patriotismo suficiente para ir a una nueva guerra.
Hubo todo un proyecto nacional de formar una conciencia nacionalista que especialmente se visualiza en el sistema educativo formal de la época, amén de toda la construcción simbólica complementaria, tales como canciones, símbolos patrios, héroes ejemplares, etc. En ese caldo de cultivo, los niños y jovencitos fueron consolidando un carácter que al momento del conflicto fue movilizado sin mayores inconvenientes.
Ese ejército, se sabe, fue en desventaja numérica y armamentística. Ni bolivianos ni paraguayos se puede decir que tenían un conocimiento avezado del Chaco. La ventaja paraguaya, que explica en parte la victoria, fue el ideal patriótico que los empujaba. Si alguna vez un proyecto de investigación multidisciplinario que incluya historiadores, antropólogos, pedagogos y sociólogos, entre otros, se pusiera a sondear en la memoria de estos últimos soldados que quedan, se podría tener una idea de la conciencia de cierto grupo poblacional que recepcionó y asimiló todo un programa nacional que tenía por objetivo formar un soldado con ganas de pelear a pesar de ser hijo de una generación que había perdido la anterior guerra con efectos desastrosos. Al menos parece ser una hipótesis interesante a probarse con tal investigación.