Por Blas Brítez
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Los hechos sociales contemporáneos suelen recordarnos la vigencia de ciertas ideas y conceptos, asociados ellos en su producción y enunciación a determinados y específicos nombres. En el actual contexto político y social paraguayo, el nombre de Carlos Pastore adquiere resonancias insospechadas, casi obligatorias. En este 2009 se cumplen 60 años de la publicación de un libro considerado clásico por sociólogos e investigadores sociales: La lucha por la tierra en el Paraguay, escrito por este intelectual de origen campesino en su doloroso exilio montevideano de fines de la década del 40. Esas seis décadas son una cifra rodeada de cierta aura profética hoy día: son prácticamente los mismos años que gobernó el Partido Colorado en este país, hasta la llegada de Fernando Lugo al sillón del Palacio de López, a la cabeza de un gobierno de coalición que, a regañadientes a veces, ha hecho de la reforma agraria un estandarte para conseguir los votos que lo catapultarían al centro del poder.
SU ORIGEN. Nacido en 1907 en Mbuyapey, localidad ubicada en el departamento de Paraguarí, Carlos Pastore creció en un ambiente en donde el contacto con la tierra significaba una comunión que estaba más allá de la simple relación material: era el eje sobre el cual giraban formas de vida enteras, con su correspondiente cultura, en lo que ésta tiene de económico, cotidiano y hasta afectivo. Esa experiencia lo marcaría a fuego a lo largo de toda su vida. Su mismo padre, también llamado Carlos Pastore, a principios del siglo XX supo ser diputado y autor de un proyecto de ley que buscaba la recuperación de tierras que, injustamente, habían sido usurpadas después de la Guerra contra la Triple Alianza. El mismo contemplaba la compra de 4 leguas cuadradas por departamento, para luego ser distribuidas entre los agricultores para su labranza. Así, la realidad campesina le latía fuertemente en la sangre.
Después de estudiar en el Colegio Nacional de la Capital, se graduó como Doctor en Derecho y Ciencias Sociales en la Universidad Nacional de Asunción. Su parentesco con la familia de Eligio Ayala, su clara extracción liberal, lo llevará a tener tempranamente una participación en la política pública, llegando a oficiar de subsecretario de la Presidencia de la República durante el periodo de gobierno ejercido por José P. Guggiari. Las peripecias de la Guerra del Chaco tampoco le fueron ajenas. Fue jefe de la Sección Cartográfica y de la Sección de Correos y Claves durante la contienda.
Su primer aporte importante a la causa campesina, lo que sería la antesala de su trabajo bibliográfico más eximio, fue la redacción del llamado Estatuto Agrario, un intento inacabado de reforma agraria, puesto en práctica desde el Departamento de Tierras y Colonización, del que fue director hasta 1940, bajo el gobierno de José Félix Estigarribia.
Como tantos otros paraguayos ilustrados, la pesadez y bestialidad del gobierno de Higinio Morínigo terminó por mandarlo al exilio, luego de la guerra civil de 1947. Ese mismo año, atento siempre a los desvelos de su patria, escribió y publicó El Paraguay y la tiranía de Morínigo.
LEJOS DE SU PATRIA. Su exilio en Montevideo, Uruguay, no le impidió bucear en las profundidades históricas que condicionaron el acceso a la tierra como bien común en el Paraguay. En 1949, como resultado de esas pesquisas que recorrían cuatrocientos años de régimen rural, Pastore publicó en la capital uruguaya La lucha por la tierra en el Paraguay, que en el título mismo asume su carácter problemático desde el punto de vista de los desplazados, desterrados y olvidados de la patria.
Todavía resuena en el campo el eco de su libro más conocido; y todavía su libro, aún sesenta años después, refleja los avatares históricos del campo. Qué mejor aval de su sabiduría y su lucidez que este mutuo reconocimiento.