Finalmente los senadores escucharon la voz del pueblo y se sometieron a su mandato. Le dejaron sin fueros a Bogado, pero la presión ciudadana no se contentó con uno solo, va por más.
Las cosas han comenzado a cambiar en un país acostumbrado a los corruptos y sus prácticas eficientes de huir del escarnio público y de la débil justicia. Ahora como situación extraña: temen a ambos y eso ha revitalizado a esta democracia de las formas sin evangelio vivencial. No alcanza con robar y los justificativos solo llevan a la risa y a incentivar el malhumor social.
Algunos hoy no se contentan con hacer figurar a asesores en su nómina de sirvientes personales sino que además les roban una porción del salario que reciben. ¡Habrase visto semejante impudicia!
Estoy seguro de que jamás la niñera habrá cobrado el monto que decía percibir.
Es cuestión de que la Justicia le pregunte cuánto llevaba al bolsillo mensualmente y cuánto le entregaba a su valeador de ocasión para ver la miserabilidad que rodea la acción de algunos representantes.
La lógica de que todos lo hacían y que era normal esa práctica en el país porque la tolerancia social era absoluta y jamás la Justicia los alcanzaría, hoy es historia.
Vamos a ver muchos más casos y eso limpia a esta democracia de los albañales, donde los mandantes por fin se han rebelado contra la casta de príncipes y privilegiados que fungían de mandatarios.
Será ahora cuestión de desarrollar la memoria. No olvidar sus nombres ni sus actos. Despreciarlos en público y en privado. No sentir ningún orgullo por su cercanía y bajar los cuadros con sus fotografías.
Solo cuando vean el costo que tiene en sus vidas la corrupción podrán entender por qué tenemos todos los días pobres que mueren sin hospitales ni medicamentos y generaciones completas que viven en la pobreza desde hace décadas.
Es tiempo de hacerles sentir el malestar que significa vivir en un país precario al que empobrecieron con sus malas acciones.
Es positivo que a muchos les asquee lo que pasa porque han abandonado la zona de confort que suponía creer que todo estaba bien mientras el sistema jugaba a su favor.
Será importante también hacerles ver en el tiempo que el Paraguay tiene memoria y que los corruptos apestan. Huelen mal y despreciarlos cual zorrinos pestilentes es una manera de recuperar la ecología política tan necesaria para sacar al país de la miseria en la que vive.
Este es un país rico con ingentes recursos mal administrados.
Ahora vemos cuánto y cómo solventan los corruptos su gestión cotidiana.
Teníamos la presunción... hoy tenemos la certeza.
Los argumentos de defensa son repudiables por tontos e insolentes.
Dependerá ahora de la Justicia que los casos no sean solo particularizados en algunos porque si eso ocurriera no habremos avanzado más allá de lo anecdótico.
Cambiar el sistema de selección de funcionarios públicos, transparentar la gestión del Estado y, por sobre todo, saber previsiblemente que la sociedad repudia al corrupto y que la Justicia los castiga, servirá para cerrar el círculo de esta lógica perversa que atrasó el país por lo menos un siglo.