15 jul 2026

La lencería que dibuja clandestinamente la silueta, al descubierto en París

París, 6 jul (EFE).- Las poco discretas artimañas utilizadas desde el siglo XIV hasta la actualidad para estilizar y erguir la silueta, conforme a las exigencias de la época, la moda y la moral del momento, se revelan a partir de hoy en una exposición en París.

Las poco discretas artimañas utilizadas desde el siglo XIV hasta la actualidad para estilizar y erguir la silueta, conforme a las exigencias de la época, la moda y la moral del momento, se revelan a partir de hoy en una exposición en París titulada "La mé

Las poco discretas artimañas utilizadas desde el siglo XIV hasta la actualidad para estilizar y erguir la silueta, conforme a las exigencias de la época, la moda y la moral del momento, se revelan a partir de hoy en una exposición en París titulada “La mé

“La mécanique des dessous”, que puede visitarse hasta el próximo 24 de noviembre en el Museo de Artes Decorativas, exhibe más de doscientas piezas entre corsés, corpiños, miriñaques, cinturones de estómago, guardainfantes, fajas o incluso los recientes “push up”.

Estas prendas interiores no se presentan como simple lencería, sino como verdaderas máquinas, estructuradas y elaboradas deliberadamente para dibujar un contorno femenino seductor o para evidenciar el poder de una nobleza erecta frente al pueblo “pomposo y redondo”.

“La aristocracia, y más tarde la burguesía, ansiaba el ideal de superioridad y por eso reforzó su indumentaria con armaduras u otros mecanismos que fomentaban la rectitud y la verticalidad ", declaró a Efe el comisario de la muestra, Denis Bruna.

Precisamente, los trajes de las últimas décadas de la Edad Media, expuestos en la capital francesa, permiten intuir una consciencia más concreta de la silueta y por lo tanto una predilección por las piezas que disimulaban, disfrazaban o enmascaraban el cuerpo.

En la línea medieval femenina imperaba el “bliaud”, un vestido largo y ancho, aunque ajustado a la altura de la cintura, que sostenía y realzaba el pecho, mientras que los hombres proclamaban su envergadura con artilugios tan técnicos y artificiales como el jubón.

“Los tratados de belleza publicados a partir del siglo XVI determinaban que las mujeres debían ser hermosas y los varones viriles. Así que ellas, para dar forma a su cuerpo, escondían la parte inferior con enaguas y faldas, y enfatizaban el pecho, el cuello y el rostro”, explicó Bruna.

Los corpiños de varillas y los miriñaques que se estilaron a partir de esta época delineaban una silueta muy singular, casi enteramente recreada por la ropa interior, y proponían un contorno abstracto en el que se desvanecía cualquier huella de naturalidad.

No obstante, a finales del siglo XVIII la futura “ciudadana” empezó a reclamar la libertad de formas, en cuanto a la vestimenta, para disfrutar de una libertad del ser más amplia.

Este tanteo de sencillez fue un acontecimiento prácticamente aislado y con la Restauración volvió la rígida compresión retomada, en esta ocasión, por las faldas acampanadas y los corsés de avispa.

Las mujeres de mediados del siglo XIX también estuvieron destinadas a ser verdaderos autómatas a las que se les recomendaba “mantenerse firmes y andar lentamente”.

“Anular el vientre, comprimir la cintura hasta ahondarla, sostener el pecho, resaltar los senos y a veces aplastarlos o redondear las caderas... el confort y la funcionalidad siempre cedieron el paso a la apariencia”, puntualizó el comisario.

Los primeros pasos hacia la liberación corporal femenina los dio, precisamente, la moderna lencería de principios del siglo XX.

El sujetador y la faja reafirmaron el nuevo modelo de mujer activa, e incluso potenciaron, entre 1915 y 1925, el arquetipo de “garçon”, que avivaba el aspecto más andrógino de las féminas.

Christian Dior lanzó en 1947 la mítica línea “New Look” con la que impuso, de nuevo, los tradicionales atributos femeninos concibiendo el “perfecto” equilibrio entre una delgadísima cintura, un torso estrecho y unas caderas abombadas que culminaban con unos pechos prominentes.

Pese a las directrices del reputado diseñador, los movimientos de emancipación de los años 60 y 70 permitieron que la pin-up fuera reemplazada por iconos filiformes como Jane Birkin o Twiggy, aunque en los últimos años otros modistos como Christian Lacroix o Viviene Westwood han recuperado el corpiño en algunas de sus colecciones.

“En el siglo XXI hemos sustituido el corsé físico por otro invisible y más psicológico. El gimnasio, la dieta y la cirugía estética son las encargadas de esculpir hoy nuestros cuerpos, sin embargo el ideal femenino se mantiene: delgadez y pechos generosos, que ahora se consiguen con el push up”, concluyó Denis Bruna.

Laura Bayarri

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