Dicen que solo se puede aprender para ignorar menos y en este complejo mundo que vivimos, esta aseveración se vuelve más contundente.
Si estamos viviendo o haciendo la historia, no es otra que la crónica del presente y la estela que deje para los demás, creo, que ya no nos pertenece. Los sabios del pasado han dicho que no hay momento en la vida que no esté cargado de deberes, pues siempre ha sido la idea que tenemos que servir para algo: No se puede ser un “fruto vano” de la vida, como decía el poeta español Antonio Machado. Las vidas valen por los ideales que persiguen, y si esos intentos les sirven a los demás como ejemplo, habremos alcanzado una parte de la meta, la razón de nuestros ideales.
Y, ¿ a qué viene todo esto de ponernos ligeramente filosóficos? Viene que todos esos nobles propósitos no pueden cumplirse si otros ponen ‘palos en la rueda’, como vulgarmente se dice. Porque siempre están los demás, los otros que entorpecen lo que hace la gente honrada. No se puede tener un concepto de la vida personal si no se compara cómo la viven los demás y es nuestra responsabilidad como sociedad, que los otros también tengan una vida digna.
Esa es la misión de educar, para que cada uno esté conforme con lo que hace y no le haga daño a su semejante. El político que roba y tiene privilegios, mientras del otro lado del espejo está la cara contraria de la pobreza, de los necesitados por el mal manejo de la cosa pública y la falta de equidad es algo que duele.
Y se comprueba a diario, no se puede vivir abstraído, como viven algunos hombres votados. Alejados de la realidad que duele y de la que ellos serían los responsables de enderezar.
Pero si la ignorancia los envuelve y más aún matizados por el egoísmo de no querer ver lo que está sucediendo, hace que nunca se pueda progresar.
Bajarse de los privilegios, sugiero a los políticos, para que puedan conversar de igual a igual con los que nada tienen para consensuar una solución a corto plazo. Si lo hicieran, digo los políticos que toman decisiones, podrían darse cuenta, que vivir dignamente y cumpliendo sus deberes de hombres públicos, hace que puedan salir a cualquier lugar público sin que se los escrache.
No se puede gobernar generando un ejército de indignados, porque la opulencia de algunos hace que se sienta más en la balanza la injusticia. Lo dijo el pensador francés René Chateaubriand, que la justicia es el pan del pueblo y siempre está hambriento de ella. Porque está claro que el que vive robando al Estado, le está sacando dinero del bolsillo al que, día a día, debe ganarse el pan con el sudor de su frente.