13 abr. 2024

La información debe ser pública

Con una razón de la deuda/PIB de casi 40%, facturas vencidas de proveedores que superan los USD 1.000 millones y aún más sorpresas negativas por descubrir, el nuevo gobierno asume con los cofres vacíos y una economía debilitada.

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Luigi Picollo, socio del Club de Ejecutivos.

Considerando el compromiso público de no aumentar impuestos (¡decir esto al iniciar un gobierno demuestra un coraje inusual que hay que reconocer!), queda claro que el Estado tendrá menos recursos para invertir. Correctamente, invita al sector privado, nacional y extranjero a que ejecuten las inversiones que nos van a hacer falta para mover la economía.

El énfasis está en que el privado se arriesgue a invertir. Ahora, el Estado puede hacer una acción crucial para incentivar que las inversiones se materialicen. Acción que demandará una gran valentía para romper roscas internas. La tarea se llama: “Hacer que la información hoy oculta dentro del gobierno sea pública” para que sea utilizada por los inversionistas a fin de disminuir la incertidumbre de la evaluación de riesgo.

Un ejemplo fácil de entender: Comprar un inmueble en los EEUU es un acto científico, sin misterios. El comprador se reúne con un agente inmobiliario, quien abre la página web de la Municipalidad y pueden ver que a qué precios se negociaron todos los inmuebles en las últimas décadas. El precio a que se vendieron los departamentos en el mismo edificio, todo se sabe, nada está oculto es información perfecta. Entonces la negociación estará en rangos muy estrechos, menos del 5% del valor total. Nadie obtendrá altos retornos pues todas las partes tienen la misma información y sirve objetivamente para todos.

En Paraguay todo es un misterio, la información sobre segmentos económicos que está dentro del Estado se oculta a propósito para que la rosca interna la venda cara, pasándola debajo de la cuerda al mejor postor. Lo escaso vale más y los insiders tendrán ventajas sobre los outsiders, y pobre de los extranjeros que caminan como ciegos tropezándose a cada paso (justo a estos que queremos invitarles a invertir). Todo lo que no se sabe o es difícil de entender no llegó a ser así por un acto divino, sino porque es negocio para algunos pocos. Allí está la rosca interna que hay que romper. Superar.

En cada segmento de nuestra economía hay ejemplos de información que no se sabe dónde está o es aparentemente confidencial. Esa misma información es pública en otros países, de libre acceso en la página web de los órganos públicos.

En el nuestro no y hay varios casos como: 1) la información de aduanas de quién importa, qué trae y a qué precio, dejó de existir por un tiempo a pesar del pedido del gremio de importadores de volver a transparentarla. Esos datos ayudan a entender tendencias, oportunidades, márgenes, competidores, etc. 2) En la aviación la DINAC no informa oficialmente qué talleres aeronáuticos están habilitados para atender a qué marcas y modelos de aeronaves.

Tampoco se puede saber de quiénes son las aeronaves, mientras que en Brasil teniendo el nombre del taller o la matrícula de la aeronave se puede consultar gratuitamente el registro aeronáutico donde aparecerá toda la información relevante, tanto para hacer negocios como para denunciar actos ilegales con un click. Este ejemplo se repite en todas las industrias.

La orden a todos los entes del Estado debe ser: Subir inmediatamente a sus portales toda la información que tengan que ya es pública en los países de la región y anunciar su disponibilidad a la población. Una acción barata y simple que reducirá significativamente las incertidumbres en la evaluación del riesgo en el sector privado. Nada mejor para que la competencia sea justa y se mida entre los más capacitados, los que tienen una mejor gestión y entreguen excelencia. Así es como con transparencia se incentivarán las inversiones.

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