Por César González Páez - cesarpaez@uhora.com.py
Un hombre, pulsando la necesidad de muchos, la retracción económica que viven todos en España, no tuvo mejor idea que ofrecer en su negocio el pan a mitad de precio. Esto en comparación con lo que se ofrecía en otras panaderías. Simple, pero es un buen gesto, es lo primero que surge de una primera lectura; alguien que no está pensando en sus ganancias sino en la necesidad de sus clientes. Unos comenzaron a imitarlo y otros, pensando en su bolsillo, trataron de que lo encuadraran dentro de lo que se llama competencia desleal.
La competencia se alarmó con el tema, porque ellos no querían tener un gesto de tal naturaleza, que no arroja buenos dividendos.
El pan es el alimento que no puede faltar en la mesa de los pobres, como la papa, que muchas veces hace que una comida sea más voluminosa cuando en la familia son muchos.
Los medios de información se hicieron eco de esta particular noticia, pero no bastaba con mandar la información, sino que tenía que ser, a su vez, mediática. Hablan de que en España comenzó la guerra, entre panaderos se entiende. Y como arma han desenfundado sus panes, porque tratan de competir con precios bajos, y esto parece que ha tenido un éxito inmediato al observar las largas filas de clientes que se forman para comprar una trincha de pan más barata. Lo que comenzó entre panaderos se ha extendido a supermercados.
No han faltado, como siempre, los que se oponen a semejante desatino y que hablan de competencia desleal por vender casi al costo.
Pero este hombre ha entendido que no solo hay que pensar en la ganancia de uno sino en la necesidad del momento. Cuando las cosas mejoren ya se podrán subir los precios; y, según tengo entendido, la gente no olvida gestos como estos, clientes seguros cuando vuelva la bonanza.
El pan aparece como primera solución de supervivencia, desde aquellos bíblicos alimentos multiplicados, los panes y los peces.
El pan, según los descubrimientos arqueológicos, ya aparece en la dieta del cavernario: cuando este dejó de ser nómada para volverse sedentario, molía los cereales en la piedra. Por lo que, volviendo al gesto del panadero, la primera impresión es que no se puede ser panadero sin ser uno un poco generoso, de la misma manera que no se puede ser médico si en caso de urgencia evade a alguien que no puede pagarle el servicio.
El premio Nobel de Literatura John Steinbeck dice, en su novela Las uvas de la ira, que cuando te llegue la pobreza extrema, son los humildes los que te van a ayudar, los que menos tienen. Porque ellos conocen mejor que nadie lo que es no tener cuando el hambre llama a sus puertas.
Prefiero que haya una guerra de solidaridad, más que una competencia por ver quién gana más.