Por Marco López | marcol@uhora.com.py
“Hay que golpear el hierro con cariño decía siempre mi papá, y tenía razón”, recuerda Juan Pablo Pistilli, hijo del reconocido escultor, Hugo Pistilli, fallecido en 2006.
Juanpi, como se le conoce en el ámbito artístico, sigue con éxito los pasos de su progenitor y desde este año vive en el taller -ubicado a pasos del Jardín Botánico-, donde de niño escuchó los primeros martillazos y observó las bellísimas obras en hierro creadas por su padre.
Sin embargo, el arte de esculpir el metal a puros golpes es un oficio cultivado por un grupo muy pequeño en el Paraguay. Juan Pablo considera que la complejidad es una de las razones por las cuales la escultura en hierro tiene pocos exponentes en el país.
COMPLEJO. “El trabajo resulta, de por sí, más difícil porque la escultura tiene tres dimensiones”, dice y agrega que eso hace que la obra tenga una mayor complejidad, “pues el artista tiene que visualizar su creación desde todos los ángulos posibles”.
Otro obstáculo que no se puede pasar por alto, en opinión de Pistilli, es la infraestructura: el taller.
“Con una tela por ejemplo no tenés muchos requerimientos, ya que podés pintar en una pieza o afuera; no necesitás demasiado espacio. Pero para la escultura en hierro se debe contar con una infraestructura importante y mucho material: soldadura, guillotina, martillos, cortahierros, esmeril. La lista es muy larga”, sostiene.
Además, el tiempo empleado en la elaboración de una obra metálica es muy superior.
EL PROCESO. En cuanto al proceso de creación, Juanpi explica que cada artista tiene su propia forma de encarar un proyecto, aunque aclara que, a su parecer, siempre se debe empezar por el dibujo.
“Particularmente, hago unos 100 bocetos, hasta que quedo completamente conforme con el diseño, la dimensión y tengo bien claro todos los detalles de lo que quiero hacer”, manifiesta.
El segundo paso -siempre según la costumbre del entrevistado- consiste en realizar una especie de matriz, en cartón o en barro.
Luego, se procede finalmente a trabajar con el hierro. Entonces, entran en acción todo tipo de herramientas imaginables (el martillo es el protagonista principal), con las que se moldea la obra.
Siempre se emplean muchas horas y la tarea es ardua. “No tenemos horario, podemos quedarnos con Eusebio y Rubio -sus ayudantes- hasta la madrugada, trabajando para llegar justo a tiempo a las exposiciones”, confiesa.
Sobre el presente del oficio, sostiene que pese a que existe una preferencia cultural que se inclina hacia la pintura “porque se puede exhibir y colgar en cualquier parte”, la escultura en hierro “va ganando espacios y de a poco parece que la gente está más abierta a ella”.
En los próximos meses, Juanpi -quien enseña Escultura en hierro en el Instituto de Bellas Artes- tiene previsto realizar una serie de exposiciones, tanto de su trabajo en metal como de sus lienzos, otra de sus grandes pasiones.