29 abr. 2026

La dimensión infinita de Borges

Madrid, 19 abr (EFE).- Aunque la producción literaria de Borges no es demasiado extensa, es tan diversa que cuando se explora se hace infinita porque él “era la literatura misma”, como muestra una exposición que reúne en Madrid más de 300 obras, primeras ediciones y objetos personales cuando se cumplen 30 años de su muerte.

Aspecto de la muestra "El infinito Borges", una exposición con motivo del 30 aniversario de la muerte del escritor argentino que incluye "joyas" literarias como el ejemplar de "El Aleph" que perteneció a Julio Cortázar y que está dedicado por el autor y q

Aspecto de la muestra “El infinito Borges”, una exposición con motivo del 30 aniversario de la muerte del escritor argentino que incluye “joyas” literarias como el ejemplar de “El Aleph” que perteneció a Julio Cortázar y que está dedicado por el autor y q

Por este motivo, Casa de América y el Museo del Escritor han organizado “El infinito Borges”, una de las muestras más completas de las que se han realizado hasta la fecha sobre Jorge Luis Borges (1899-1986), que ha sido comisariada por Claudio Pérez Míguez y Raúl Manrique Girón.

“Aparte de mi familia, Borges ha sido la persona más importante de mi vida”, asegura a Efe Pérez durante el recorrido de la exposición que se inaugurará el próximo viernes en Casa América mientras explica los tesoros de esta “biografía” en forma de muestra del argentino.

Escritor, articulista, guionista, editor, conferenciante, traductor, autor de prólogos, de antologías, de guiones de cine, de letras de tango... hay infinitos Borges para conocer a través de esta exposición que también se centra en sus relaciones familiares o su vinculación con otros escritores como Ramón Gómez de la Serna, Julio Cortázar, Juan Carlos Onetti o Ernesto Sábato.

Así, una de las piezas que puede verse es un ejemplar de “El Aleph” que perteneció a Julio Cortázar y que lleva su firma en la portadilla; o el de “Poemas 1923-1943" que era de Ramón Gómez de la Serna, con la dedicatoria del escritor argentino.

“Siempre escribía o decía lo que tenía que escribir o decir”, recuerda Pérez de un autor con un impresionante sentido del humor, del que resalta su enorme “honestidad intelectual” y que “tenía la cultura dentro, no impostaba”.

Las primeras ediciones de todos sus libros ocupan varios expositores de la muestra en la que se encuentran ejemplares de obras como “Inquisiciones nunca” (1925) o “El tamaño de mi esperanza” (1926), que no se volverían a reeditar nunca.

Y también está su primer libro publicado en 1923, “Fervor de Buenos Aires”, cuya portada lleva un grabado de su hermana Norah y que tuvo una tirada de 300 ejemplares que pagó su padre. Hasta el último, “Los conjurados”, escrito poco antes de morir.

Borges escribió muchos libros en colaboración, especialmente con Adolfo Bioy Casares, para los que utilizaron varios heterónimos como Bustos Domecq o Lynch Davis, o también el realizado con su segunda esposa, María Kodama, bajo el título “Atlas”.

Un libro que tiene un significado simbólico de la unión que existía entre ambos pues, con fotos que Kodama tomaba en viajes que realizaron juntos, Borges escribía de ellos a pesar de que ya no podía ver más que a través de los ojos de ella.

Aunque siempre tuvo problemas de visión, fue en 1954 cuando sufrió un desprendimiento de retina que agravó su estado, lo que se comprueba en el tipo de letra de una selección de autógrafos expuesta.

También hay un Borges crítico literario cuyos trabajos fueron publicados en revistas literarias así como uno conferenciante, a pesar de su timidez, explica el comisario.

Y es que, a la llegada de Perón al poder, Borges perdió su trabajo en la biblioteca Miguel Cané de Buenos Aires y se vio obligado a dar conferencias para ganarse la vida, unas disertaciones que hacía de memoria por su falta de visión.

Fueron tan importantes en cantidad como en calidad que autores como su compatriota Ricardo Piglia consideran las conferencias su obra tardía más destacada.

En su faceta de traductor, que ejerció también como medio de vida, tradujo obras del francés, inglés y alemán de autores como Virginia Woolf o William Faulkner, aunque en la exposición también pueden contemplarse ejemplares de libros que fueron de su propiedad, que documentaba firmándolos y fechándolos, entre ellos “Wine, water and song”, de Chesterton, fechado en Granada (sureste de España) en 1919.

Por Carmen Naranjo.

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