09 ago 2026

La dictadura al acecho

Por Mario Rubén Álvarez
Los nostálgicos de la dictadura son mucho más numerosos de lo que nos imaginamos. Si bien algunos están hasta disfrazados de celosos demócratas, en su fuero íntimo no pierden la esperanza de volver a ver a un Alfredo Stroessner –con su nombre y apellido o no– que resucite los días en que la temperatura no sobrepasaba los 36 grados, la Cadena Oficial de Emisoras era obligatoria y los disidentes encarcelados, torturados y asesinados.
En nombre de la todopoderosa política –donde todo vale con el objetivo de alcanzar el poder o mantenerse cerca de su fuego sagrado–, cuyos vientos huracanados empiezan a soplar de nuevo con fuerza mirando el 2008, los que no disimulan su admiración por el régimen del déspota que murió en Brasilia están cobrando protagonismo otra vez.
El más abierto, descarado y pretensioso es el Movimiento “Paz y Progreso”, encabezado por Alfredo “Goli” Stroessner. Haber escogido ese lema que hasta los tuétanos identifica al que durante 35 años gobernó al Paraguay con mano de hierro, muestra a las claras la adhesión a un modelo de relación entre gobernante y gobernados que ojalá nunca vuelva a repetirse.
Con Stroessner no hubo paz ni progreso para todos los paraguayos. Hubo sí tranquilidad para genuflexos, dóciles, chupamedias, protegidos, apadrinados, pyragues, indiferentes, entregados, sinvergüenzas y afines a la misma fauna. Para los indóciles, rebeldes y contestatarios solo había control, cárcel, Kururu Pire, persecución, pileta, tejuruguái, picana, Emboscada, Técnica, Abraham Kue, represalias, exilio y muerte.
Tampoco hubo progreso. Y mucho menos desarrollo. Los caminos, puentes, escuelas y hospitales eran para hacer babear a los de “La Voz del Coloradismo”, pero al no ir acompañados de otras condiciones que permitieran a sus usuarios ser dignos y libres, eran solo propaganda sin repercusión social.
Por lo que llaman pragmatismo, el olvido es el deporte que más adeptos tiene a nivel local. Lo ingrato, lo impresentable y lo descalificador no duran mucho. La conveniencia del momento blanquea a sus portadores. Aunque no son honorables, la hipocresía que se exacerba por las coyunturas electoralistas, los ubica en la dudosa galería de los rescatados.
Los que buscan propuestas nuevas y formas diferentes de hacer política, sin aliarse con los que no dudarían en volver a atrasar el reló de la historia, no encontrarán en las carreras desatadas nada que no sea más de lo mismo. El vicepresidente Luis Castiglioni se une a “Goli” Stroessner como si nada. En la misma línea, aunque en el contrafrente, Fernando Lugo coquetea con los oviedistas como si éstos fuesen inocuas palomas.
El escenario político todavía está aguardando a alguien que apueste sin dobleces a la democracia, dejando de lado a los que añoran las botas –aunque no lo digan–, y que sea capaz de dar respuestas urgentes a los urgentes problemas. Por lo que se vislumbra, ese candidato todavía no nació. Y si ya lo hizo, ha de ser aún niño o adolescente.