13 jul 2026

La desigualdad o la inestabilidad política influyen en el envejecimiento

El envejecimiento no depende solo de la edad o de la genética. En cómo y a qué ritmo se envejece también pueden influir factores como la calidad del aire, la desigualdad económica, social y de género y el tipo de elecciones o de democracia que tiene un país.

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El envejecimiento no depende solo de la edad o de la genética.

Foto: Pixabay

Un estudio que publica Nature Medicine apunta a que la contaminación atmosférica, la desigualdad social y la debilidad de las instituciones democráticas aceleran considerablemente el envejecimiento.

La investigación, con datos de 161.981 personas de 40 países, redefine el envejecimiento saludable como un fenómeno medioambiental, social y político, por lo que pide que las estrategias de salud pública aborden también las desigualdades estructurales y los déficits de gobernanza.

En la investigación –encabezada por el Instituto Latinoamericano de Salud Mental (BrainLat)– participaron, entre otros grupos, el Euromediterranean Economist Associaton de Barcelona o el Trinity College de Dublín (Irlanda).

El envejecimiento saludable es un proceso biológico complejo determinado por una serie de factores (físicos, sociales, políticos) experimentados a lo largo de la vida, conocidos colectivamente como exposoma, que tiene un impacto mucho mayor que la edad cronológica por sí sola.

La investigación también tiene en cuenta las brechas de edad bioconductuales (BBAG), una nueva medida que compara la edad prevista con la edad cronológica.

Los resultados muestran que el lugar donde uno vive –su exposoma– puede envejecer varios años más rápido, aumentando el riesgo de deterioro cognitivo y funcional.

“Nuestra edad biológica refleja el mundo en que vivimos. La exposición al aire tóxico, la inestabilidad política y la desigualdad, por supuesto, afectan a la sociedad, pero también condicionan nuestra salud”, dijo Agustín Ibáñez, del BrainLat y uno de los firmantes.

El estudio relacionó la exposición a ciertos factores con un envejecimiento más rápido, entre ellos los físicos, como la mala calidad del aire y los sociales, como la desigualdad económica, de género y la migración.

Entre los factores políticos se indican la libertad limitada de los partidos, los derechos de voto restringidos, las elecciones injustas y las democracias débiles.

Las personas que experimentan un envejecimiento acelerado, definido por la diferencia entre la edad biológica estimada y la cronológica, tenían ocho veces más probabilidades de ver reducida su capacidad para realizar tareas cotidianas. Además, tenían cuatro veces más probabilidades de experimentar un deterioro cognitivo que las que sufrían un envejecimiento retardado, indica el estudio.

El que una persona envejezca de forma saludable o acelerada viene determinado no solo por sus elecciones individuales o su biología, sino también por su entorno físico, social y político, y estos efectos varían mucho de un país a otro, señaló la también coautora Sandra Báez del Trinity College.

Los investigadores examinaron los patrones de las distintas regiones del mundo y los tipos de exposición que podrían acelerar el envejecimiento.

A nivel mundial, el envejecimiento más rápido estaba fuertemente vinculado a niveles de renta nacional más bajos, seguidos de países de Asia y Latinoamérica.

Europa tiene el envejecimiento más sano, en comparación con otras regiones, aunque los países del sur y el este del continente mostraron un envejecimiento más rápido.

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Redefinir el envejecimiento saludable como un fenómeno medioambiental, social y político supone que las estrategias de salud pública deben ir más allá de las prescripciones de estilo de vida para abordar las desigualdades estructurales y los déficits de gobernanza.

Los gobiernos, las organizaciones internacionales y los líderes de la salud pública “deben actuar urgentemente para remodelar los entornos, desde la reducción de la contaminación atmosférica hasta el fortalecimiento de las instituciones democráticas”, dijo Hernando Santamaría-García, de la Universidad de California.

Para promover un envejecimiento saludable y reducir el riesgo de demencia en todo el mundo, hay que intervenir en las fases iniciales, allí donde se produce la desigualdad, donde la política moldea las vidas y donde los entornos erosionan silenciosamente el envejecimiento saludable, agrega el comunicado.

Los investigadores subrayan que conclusiones reflejan asociaciones y no relaciones causales definitivas, y que la investigación presenta una representación limitada de determinadas poblaciones regionales, especialmente de África.

Fuente: EFE.

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