Opinión

La Copa de la Vergüenza

Miguel Benítez – @maikbenz

No, el título no es una crítica a la segunda mitad de la gloria, ganada por Independiente del Valle, ni a la organización del evento. Al contrario, la final única de la Copa Sudamericana fue una verdadera fiesta desde que empezaron a llegar los hinchas santafesinos y sangolquileños, quienes además dieron un añorado bálsamo a nuestra golpeada economía. Argentinos y ecuatorianos ponderaron la hospitalidad paraguaya. Por pocos días, hubo vida en el abandonado y peligroso microcentro.

Nadie discute que un espectáculo de tamaña envergadura, y más aun si se trata de la primera edición de la historia, debe ser albergado con las más finas galas. Como en cualquier parte del planeta, la ciudad anfitriona tiene que mostrar su mejor rostro. Lo cuestionable es que las autoridades asuncenas hayan dejado para último momento los arreglos de calles y espacios públicos, siendo que el anuncio de La Nueva Olla, como estadio seleccionado para la disputa, se dio ya el 21 de junio pasado.

La Comuna capitalina tuvo vergüenza prácticamente en tiempo de descuento. Es por eso que solo las inmediaciones del estadio y algunas arterias del centro recibieron el maquillaje. Muchos sitios de esparcimiento y emblemáticas plazas quedaron a medias, algunos lugares ni recibieron retoques. Afortunadamente, los efectivos de las FFAA colaboraron en la limpieza de la Bahía, sino, la impresión que se hubiera llevado el continente de nosotros habría sido pésima.

Pero la falta de visión no es exclusividad del Municipio. Asunción tiene un fuerte peso histórico para el Nuevo Mundo, algo muy apreciado por los turistas. Su rica historia es un bien precioso, que fácilmente podría ser un atractivo cultural para los visitantes de cualquier rincón del globo. Aunque muchas veces los ciudadanos nativos no lo veamos, también cuenta con lugares coquetos, nostálgicos y entretenidos para los diversos gustos. La literatura, la música, el teatro y la gastronomía paraguaya nada tienen que envidiar a los de otros países.

Lastimosamente, toda esa riqueza asuncena queda enterrada por la corrupción, inoperancia y desidia del aparato estatal. Se tiene que organizar un encuentro deportivo para darnos cuenta del potencial turístico de la Madre de Ciudades, pero como la respuesta gubernamental se da sobre la hora, cualquier aprovechamiento de oportunidades queda corto.

La Senatur, desde hace varias administraciones, no ha encontrado la brújula a la hora de promocionar todas las bondades que tiene el terruño paraguayo para ofrecer a los extranjeros. Claro, sin el acompañamiento de los responsables de la seguridad, cualquier publicidad sería realmente engañosa.

SIMPLE GESTIÓN. Esta Copa Sudamericana nos devolvió un poco de vergüenza y eso termina siendo positivo. Tener una ciudad ordenada, limpia, agradable, servicial y turística no es imposible. Un partido de fútbol nos demostró que el problema en la capital siempre ha sido la gestión, tanto municipal como la de los poderes del Estado.

La llegada de 40.000 foráneos incidió más que los reclamos de 500.000 pobladores asuncenos y de 1.500.000 de personas que ingresan diariamente a la capital. Sin dudas, brinda un sabor agridulce.

Cuando las autoridades quisieron moverse, lo lograron. Se despejaron zonas ocupadas, se repararon calles, se hermosearon sitios de distensión, se combatió la inseguridad y hasta se intentó frenar la extorsión de los cuidacoches, al menos en las áreas aledañas al estadio. ¿Tuvimos que esperar un encuentro deportivo internacional para buscar soluciones a cuestiones que nos asfixian desde hace años?

Ojalá esa vergüenza sea una constante y no solo para quedar bien en esporádicos eventos o, peor, en las elecciones. Por supuesto, los ciudadanos tenemos que hacer nuestra parte y evitar tirar basuras por doquier; a más de saber elegir a los que tomarán las riendas de la ciudad.

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