Desde hace más de doscientos años hemos intentado teóricamente que el Estado paraguayo se parezca a lo que deseamos que fuera: transparente, honesto, servicial, meritocrático y agregaría... con conciencia de su rol. Debo decir que llevamos años fracasando en este intento. Hemos sido gobernados por presidentes tiranos iluminados, patrimonialistas, kachiãi, venales, crueles, sanguinarios y sanguijuelas. Ellos han moldeado la conciencia que una gran mayoría del país tiene sobre lo que debe ser un Estado. Y la cuestión dominante en nuestra cultura es que es un coto de caza abierto al que lo posee, lo arrebata o resulta electo. El Estado es en concreto: algo de todos, pero de nadie; un ente privatizado y patrimonialista del que debemos aprovecharnos cuando podamos. Un espacio sin conciencia ética ni moral y con una pobre reglamentación legal.
La norma es solo un mecanismo de entretenimiento. Lo que importa son los contactos, las roscas, los grupos de amigos que pueden influenciar desde ahí sobre otros espacios económicos. Es de hecho la mayor empresa del país en términos de funcionarios y en capacidad de compra de insumos. Gasta 15.000 millones de dólares nuestros al año, no le interesa ser transparente ni abierto. Es –como definía Octavio Paz–: el ogro filantrópico. Malo con quienes son sus adversarios, pero generoso con quienes comparten filosóficamente sus mismos valores. El actual ministro de Hacienda dijo que no es bueno gravar con más impuestos a los sojeros por una cuestión “filosófica” . Este debe ser el único caso donde la gran mayoría del país está de acuerdo con elevar la tasa impositiva a un sector cuyo margen de rentabilidad supera el 70% y el Poder Ejecutivo se opone. Le quieren dar más recursos, pero no lo acepta para concluir diciendo que el sector más productivo del país y cuyo impacto social, político y económico es el más grande, sobre todo el conjunto del país, colabora con menos del 1% a los costos del Estado.
La filantropía del Ejecutivo hacia ellos es tan generosa como otorgarle la beca al hijo del pastor Abreu de 80.000 dólares para que estudie en Oxford a costillas del dinero de los mismos contribuyentes de siempre.
Los sojeros tienen razón cuando dicen para qué quiere más dinero este Estado si con lo que tiene son corruptos e incompetentes. Y el Ejecutivo les da la razón no imponiéndoles más impuestos. Acepta su crítica. En lo que no estamos de acuerdo es que seamos siempre los mismos los que financiemos esta piñata. Sería bueno descansar un rato este equipo de vyros contribuyentes, digo unos 10 años, y que entren los sojeros a sustituir a los mismos aportantes de siempre por igual tiempo. Sería lo justo.
Pero como nuestro problema con el Estado no es con la Justicia o con la ley de la que tiene muchos elementos de los que agarrarse, queda solo hacerles reflexionar sobre lo ético y lo moral. Aunque moleste tendremos que hacernos la más incómoda de las preguntas: ¿si cada pueblo tiene el gobierno que se le parece... de dónde creen que debemos empezar a cambiar? Si la respuesta es desde nosotros..., estamos por buen camino; ahora bien, si considera esta interpelación un argumento traído de los pelos y de consistencia escandinava..., estamos mal y vamos a seguir peor.
Seguiremos llorando “la Biblia junto al calefón”, como diría Discépolo cuando la Argentina se hizo un cambalache y se bajó del tren de la historia. Si no podemos recuperar la conciencia legal, al menos reivindiquemos una mentalidad ética y moral que nos reconcilie con el desarrollo y la dignidad.
Cuando eso ocurra habrá país, Estado y no coto de caza particular.