Revista Pausa

La comedia paraguaya como refugio

La comedia Arroz con leche, que reúne en escena a Margarita Irún, Lourdes García, Silvio Rodas, Andrea Quattrocchi, Manni Delvalle y Lara Tomassi, es como un almuerzo familiar donde el amor supera las brechas generacionales.

Tres mujeres conviven en un departamento. La abuela Chela —protagonizada por Margarita Irún—, matriarca de la familia, es el nexo de una relación complicada entre su hija, Lourdes García, y su nieta, Andrea Quattrocchi. En paralelo, Silvio Rodas, un abuelo que vive con sus dos nietos, interpretados por Manni Delvalle y Lara Tomassi, decide continuar con su vida luego de la muerte de su esposa y su hija. Las dos familias se cruzan gracias al arroz con leche, la especialidad de Chela.

Antes de su última función, el elenco se tomó una pausa para hablar del proceso creativo, de los ensayos y de los personajes que interpretan en la obra. El director Hugo Robles explicó que habitualmente trabaja de manera “poco convencional”. Esto es porque los actores y actrices nunca están enterados de lo que va a ocurrir en la historia. Al ser un acto de construcción colectiva, el libreto que reciben nunca está completo.

“Construimos a partir del caos, de juegos, de improvisaciones. Yo escribo hasta cierta parte y en los ensayos vemos qué va surgiendo con esos personajes. Por ejemplo, damos 10 escenas y observamos cómo ellos defienden sus personajes y, a partir de ahí, yo sigo creando la historia. Muchas veces nos ha pasado que estamos a poquitos días del estreno y todavía no sabemos cómo terminará la obra”, contó Robles.

Para el director, esto ayuda a que los actores estén al pendiente de lo que va a pasar, porque tienen que llevar su propia actuación como una novela. Hay una necesidad de saber lo que va a ocurrir. “Al ser comedia tiene un timing muy particular, casi un ritmo televisivo. En Arroz con leche, la gente siente que está viendo una serie de televisión en la que cada escena parece un capítulo. Convergen varios géneros en esta obra de teatro. Pero no es algo que se buscó sino que se fue dando”, detalló Hugo.

Margarita Irún ya está familiarizada con la técnica. “Cuando Hugo construye, moldea su creatividad en función de los actores y sucede que todo va fluyendo más fácil. El actor se presta corporal y vocalmente para el personaje en cuestión”, refirió la actriz.“Es como que hizo zapatitos a nuestro molde”, opinó Silvio y siguió: “Creo que es un proceso que parece simple, pero no es así. Hay que meter el cuerpo en esa forma de decir que él tiene para tu personaje, pero es un proceso muy interesante. Uno se va encontrando a sí mismo en el personaje que él creó”.

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Las últimas funciones son el viernes 27, el sábado 28 a las 21.00 y los domingos 22 y 29 a las 20.00, en la sala Molière de la Alianza Francesa.
Las últimas funciones son el viernes 27, el sábado 28 a las 21.00 y los domingos 22 y 29 a las 20.00, en la sala Molière de la Alianza Francesa.

El postre de las familias grandes

Cuando Hugo era pequeño, su mamá, Cami, le cocinaba budín de pan. En los festejos, para una actividad especial o si alguien llegaba de visita, siempre los sorprendía con un budín en la heladera. La obra, según cuenta, es también un homenaje a su mamá. “El arroz con leche simboliza eso que nos une, que nos hace familia; esa cosa tan sencilla que es hacer un postre y tomarse 10 minutos y pensar en alguien, en tus seres queridos y, sobre todo, compartir”, observó el director de la obra.

Arroz con leche tiene eso, cápsulas con pequeños mensajes: una madre soltera que busca pareja en Tinder, una abuela viuda que se reencuentra con un viejo amor, una nieta que se enamora por primera vez. “Para Hugo y para nosotros, el arroz con leche representa la unión, simboliza el amor de la familia numerosa. Es un postre que se hace cuando hay mucha gente, porque es fácil de preparar”, relató Lourdes García.

“Hugo está lleno de esas cosas, y son pequeños mensajitos. Por ejemplo, quiere que nuestra actuación sea lo más cotidiana posible en escena; natural, porque se trata de eso. Insertar esos pequeños mensajes que él tiene en una relación supercotidiana, y yo creo que la gente se siente parte de un almuerzo familiar, desastroso de repente”, agregó Andrea.

En la obra, Leti es una joven millennial, empoderada y segura de sus decisiones, al igual que Nati, el personaje de Lara Tomassi. “Mi papel es el de una ingeniera que se recibió hace poco. Es superemprendedora, va para delante y es de armas tomar. Y como mi papá es ingeniero, toda su vida soñó con que yo me convirtiera en ingeniera. Es muy loco, porque le estoy regalando eso a mi papá por 15 minutos, pero desde el lugar que yo elegí”, contó Lara.

La deserotización de la tercera edad

Uno de los grandes temas de la obra tiene que ver con el deseo de los adultos mayores. En muchos hogares, desde el fin de la dictadura hasta nuestros días, las abuelas quedaron al cuidado de sus familias, y la generación intermedia salía a trabajar para sostener el hogar.

La obra busca desmitificar la idea de que los abuelos y abuelas solo deben ocuparse de la casa y que ya no pueden volver a enamorarse ni tener segundas oportunidades. Margarita considera que la obra reivindica el amor adulto, porque existe el prejuicio de que cuando uno es mayor (60 o 70 años en adelante), tiene que estar recluido y dedicado a cuidar de sus nietos.

“Muchas veces creemos que una persona en edad adulta ya se tiene que quedar en su casa a tejer, a ver tevé y a cuidar a su familia, cuando, en realidad, uno puede empezar y reiniciar las veces que sea. Creo que de eso también habla la obra, de las infinitas oportunidades que tiene una persona para volver a empezar. Acá hablamos del amor y de vencer el miedo a sentir”, expresó Robles.“Lo que también interpreto de la obra de Hugo es que hay que vivir al máximo. No importa si tenés 20, 30 u 85, aprovechá todas las oportunidades que la vida te da para ser feliz. O sea, no es aceptar que ‘yo ya me casé, enviudé, ya voy a morir’. Nada que ver. En la amistad, en la familia, el amor es no dejar pasar las chances que te da la vida para ser feliz”, reflexionó Andrea.

Manni, que actúa de nieto de Silvio, opina que la obra habla de “las simples cosas de la vida”. “Yo, particularmente, creo que transmite mucho el significado de lo que sucede en la cotidianeidad de la familia. Un postre, una caricia, un ‘¿a qué hora dormiste?, ¿a qué hora llegaste?, el beso de buenas noches”, sostiene.

El teatro paraguayo tiene una tradición contestataria y logró sobrevivir a los inventos tecnológicos como la radio, el cine o la televisión. “Me parece que el teatro en Paraguay siempre fue un refugio de libertad. Siempre las mal llamadas minorías encontraron un espacio dentro, porque es un espejo de lo que ocurre en una sociedad. Si las puestas hoy en día hablan de género, del empoderamiento de la mujer, de los derechos LGBTIQ, es porque la sociedad debatir sobre eso. Y nosotros, como transformadores del arte, tenemos que poner esos temas sobre la mesa”, recalcó Hugo.

El humor como canal de mensajes importantes

El filósofo Friedrich Nietzsche escribió: “El hombre sufre tan terriblemente en el mundo, que se ha visto obligado a inventar la risa”. Esta concepción establece que el humor es, en el fondo, un tipo de catarsis que hace más soportable la existencia, como el arte. Así lo entiende Manni, quien considera que a través de su personaje tuvo la posibilidad de experimentar lo que es tener un abuelo. “Ese vacío que había hoy está lleno gracias al teatro y a la posibilidad de trabajar con dos amigas, que son Lara y Andrea”, confesó.

El humor de Hugo permite hablar de temas que nos incomodan. Es accesible, directo y permite permear en la sociedad de clase media paraguaya. “Es difícil construir y contar algo con humor, que no sea el chisterei, el kachiãi nomás. Muchas veces se cree que el actor o la actriz es mucho más prestigioso si hace un drama o un texto clásico. Sin embargo, defender una comedia con ciertos temas sociales me parece un compromiso no solamente artístico, sino social por parte de los que trabajan dentro de la obra”, detalló el director.

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