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La Capital de la Fe espera a sus fieles

 

Tras la dura y larga pandemia que le impidió recibir la visita de miles de feligreses en su día el año pasado, la Virgen de Caacupé esta lista para celebrar su fiesta, el próximo 8 de diciembre. Los protocolos sanitarios están a la orden del día.

La fiesta mariana más grande del país ya está en marcha: la Virgencita ya viste sus mejores galas, alrededor de la Basílica se ultiman detalles con relación a la bioseguridad, las autoridades eclesiásticas culminan los preparativos previos; y los caacupeños aguardan ansiosos a los fieles, en especial los comerciantes que reactivan tras un tiempo difícil.

Las santerías tienen ofertas de imágenes sacras, remeras alusivas, rosarios, denarios y un sinfín de productos, con precios igual de variados. “Hay muchas posibilidades de venta, estuvimos tanto tiempo encerrados que las personas se vuelven todas eufóricas por salir, por compartir”, cuenta doña María Teresa Araujo, propietaria de una tienda de santos ubicado al costado de la Basílica, quien con sus ayudantes están hermoseando a las vírgenes que luego protegerán los hogares de paraguayos y extranjeros.

DELICIAS GASTRONÓMICAS

Los vendedores de chipa y butifarra, otros clásicos de la Capital de la Fe, también están esperanzados, pues la pandemia también los golpeó duramente. Ofrecen este menú imperdible desde 2.000 guaraníes la buti y chipas desde G. 3.000, “ya empezamos a vender gracias a Dios y a la Virgencita”, menciona.

La capital de la fe espera a sus fieles

Stella Cardozo de Núñez, quien contó que ya están recibiendo a muchos clientes, un panorama muy diferente al del año pasado. “Sábado y domingo hay muchísima gente, el año pasado no había nada, y hoy ya hay movimiento gracias a Dios”, menciona la mujer, hija de Ña Francisca Aquino, pionera de las chipas en Caacupé, donde ejerció su labor durante casi medio siglo.

Respecto a los feligreses que ya llegan junto a la Virgen, son muchos los que se adelantan a visitarla porque en su día la cantidad se visitantes es enorme.

Especialmente las familias son quienes llegan con anticipación, para que la experiencia de los niños sea buena. Los trabajadores de salud también llegan en masa, como es el caso de Silvia Insfrán, licenciada en Enfermería del Ineram; “el trabajo fue duro desde que empezó la pandemia”, contó la mujer que todos los años llega junto a la Virgen caminando desde Ypacaraí.

ETERNIZANDO RECUERDOS

Otro clásico de la visita a Caacupé es sin duda tomarse una foto en el caballito, en especial para los más pequeños de la casa. Allí esperan don Valentín Sanabria y sus colegas, quienes tienen a su cargo eternizar la visita a la Virgencita de los Milagros.

El hombre, que hace casi 4 décadas está en la explanada de la Villa Serrana, invita a los feligreses a no temer y cumplir su promesas con tranquilidad; “tenemos que saber vivir nomás ya (…), distanciamiento, tapabocas y seguir el protocolo nomás ”, menciona el hombre.

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