Su abrupta salida reveló una feroz interna con el comandante de las Fuerzas Militares, general Luis Gonzaga Garcete, a quien acusó de inmiscuirse en su campo. Entre estos cambios se menciona al presidente de la Caja de Préstamos del ente y el nombramiento del auditor del Ministerio de Defensa, Aparicio Diego Zárate Vidal, porque es la persona que debe juzgar las ejecuciones presupuestarias de todos los centros militares incluyendo la gestión del comandante.
Luego de afirmar que Garcete es “el peor comandante que yo he conocido”, no escatimó en culpar al “señor presidente y comandante en jefe de las FFAA que ha permitido que el señor comandante de las FFMM sobrepase su límite de competencia y se inmiscuya en la organización interna del Ministerio de Defensa”.
En la interna, Cartes se jugó por Garcete, quien al fin de cuentas es el que tiene el control de las armas, mientras que Defensa es uno de los ministerios más débiles del Gabinete, con un rol meramente administrativo, casi de pasapapeles.
se veía venir. La renuncia de Soto ya era un secreto a voces días antes. El pasado 2 de noviembre tuvo que salir a desmentir “los rumores infundados que circulan por los medios de comunicación”.
No aguantó la presión y la indiferencia del presidente que no respondía a sus llamados telefónicos y tres días después presentó su renuncia, con ribetes de escándalo.
salida política. Conocedor de las profundas aguas políticas, Soto convirtió su renuncia en una rentrée al escenario político.
El ex ministro forma parte de una tradicional familia colorada de Coronel Oviedo, que llegó a su máxima expresión en la era Nicanor Duarte Frutos, pero con profundas raíces en el stronismo. Su hermano Mario Baby Soto fue delegado de gobierno durante la dictadura y en democracia fue elegido gobernador de Caaguazú (1993). Mientras que Bernardino llegó a la Comandancia de las Fuerzas Militares en la presidencia de Duarte Frutos. Cuando asumió Fernando Lugo no lo pasó a retiro inmediatamente, pero lo relevó en la segunda gran purga que decretó en noviembre de 2008.
Como paradoja se puede mencionar que en ese entonces Soto mantenía una guerra de baja intensidad con el ministro de Defensa, Luis Bareiro Spaini, a quien acusaba de ideologizar las FFAA.
Al dejar la milicia, ingresó a la arena política con su movimiento Unidad Republicana. Con pocos adeptos, pero mucho olfato político, fue uno de los primeros en apoyar la precandidatura de Cartes. Y un 16 de diciembre de 2010 firmó el pacto señalando que el acuerdo se realizaba “con base en el respeto y sin utilizar palabras hirientes que podrían ser como proyectiles que abren heridas”. Se aseguró entonces un cupo en el gobierno, pero no pudo evitar que los proyectiles de la guerra por espacios de poder impactaran en su cuerpo y lo devuelvan a la fría llanura.
Casi inédito. El portazo que dio Soto Estigarribia es casi inédito en el Ministerio de Defensa, cargo ocupado generalmente por militares retirados. Un caso similar se dio con la renuncia de Carlos Romero Pereira en la era Nicanor. Antes de asumir ya hablaba de la corrupción militar por faltante de fondos y robo de material bélico. Un estallido de polvorín en un predio de la Armada colmó su paciencia y dejó tempraneramente el cargo criticando con dureza a los altos mandos militares.
Entonces también tenía fuertes diferencias con el comandante de las FFMM, José Key Kanazawa. Y entonces también el presidente Duarte Frutos se puso del lado del militar.
dinero. La diferencia entre Soto y Garcete ni siquiera pasa por el obsoleto modelo de las FFAA ni cómo combatir más eficazmente al EPP, sino por el control del dinero. Para el presupuesto 2016 hay 270 millones de dólares y su manejo es parte principal de este pleito. El enojo es que Garcete metió a su auditor en Defensa.
Lo resumió Euclides Acevedo al analizar el tema: “Aquí también el problema, no nos engañemos, es una pelea por la plata. Las FFMM tienen plata y Defensa no tiene nada o tiene poco”.
Un ejemplo de un negocio frustrado: querían comprar un simulador para paracaidistas de USD 100 millones para apenas 200 paracaidistas.
el que viene. Todo indica que lo suplirá Cíbar Benítez (Armada). El ex comandante de las FFMM de la era Lugo ya estaba trabajando en un plan de inteligencia para el cartismo. Además tiene el rasgo principal que gusta a Cartes: es militar.