Residente en la San Ignacio, Misiones, Koki viene desarrollando una experiencia de arte social con los pobladores de la comunidad campesina de Tañarandy, en las celebraciones de Semana Santa, donde acostumbra realizar procesiones con candiles y antorchas, con representación de cuadros vivientes y otro tipo de creaciones, en un estilo denominado “barroco efímero”.
En los últimos años había realizado distintas versiones de un altar con frutos del campo, utilizando maíz, calabazas, cocos y semillas.
Una nueva versión, en escala mucho mayor, de 40 metros de largo por 20 metros de alto, fue la que se propuso realizar para la visita del Papa.
PARTICIPACIÓN. Desde que se inició la construcción en el Taller El Molino, de San Ignacio, la obra contó con la participación y la adhesión de mucha gente.
La participación se fue sumando de diversas maneras. Desde los productores campesinos que donaron el maíz y las calabazas, los que entraron a los campos, machete en mano, a cortar miles de racimos de cocos, pasando por quienes venían al taller a traerles comidas y refrescos, a ver si necesitaban algo, o simplemente darles aliento, hasta los que empezaron a escribir sus nombres y mensajes en los cocos, hasta llenar los 200.000 frutos, totalmente escritos.
El proceso se hizo más colectivo cuando las piezas del retablo se trasladaron a bordo de tres grandes camiones hasta Asunción, seguidos por una caravana de más de cien vehículos y la gente salía en forma masiva a los costados de la ruta, con banderas, pañuelos y fuegos artificiales a expresar su adhesión y apoyo.
Tras el montaje en Ñu Guasu, el retablo fue admirado por miles de personas, que formaban fila para visitarlo.
El propio papa Francisco confesó que se sintió “muy emocionado” al contemplar la monumental obra.