26 may. 2026

Karai del canto

Ricardo Flecha cumple 35 años de carrera artística profesional y se apresta a celebrarlos en setiembre con dos actuaciones en las que repasará su vida sobre los escenarios y en las que lo acompañarán los músicos que formaron parte de un viaje que todavía no termina. En este número de Vida, desgrana sus recuerdos.

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Revista Vida

Foto: Fernando Franceschelli

Con Juglares formó parte del Nuevo Cancionero, dejó su huella en el panorama de la música paraguaya y una innegable influencia en el estilo de grupos que lo sucedieron. Su arte está ligado al compromiso político y a la difusión de una identidad latinoamericana, la de la Patria Grande.

—¿Dónde y cuándo naciste y qué recordás de tu niñez?
—Nací en Asunción el 22 de diciembre de 1961. Vengo de una familia bastante humilde. Mi mamá era modista y mi papá, un obrero naval. Aunque humilde, mi infancia fue feliz, en el barrio San Antonio, a dos cuadras del parque Carlos Antonio López y a cuatro del oratorio San Luis, que durante mucho tiempo fue nuestro refugio para los juegos y las actividades que teníamos cuando niños.

—¿Cómo nació tu vocación por la música y el canto?
—A los ocho años descubrí una guitarra sobre el ropero de mi padre, y me llamó la atención. Mi papá la bajó y le puso las cuerdas, y empecé a tocarla. En esto mucho tiene que ver mi papá, que es un músico aficionado. Era amigo de los hermanos Larramendia, de José Asunción Flores, de Aníbal Lovera, quien, por cierto, es el primo hermano de mi mamá. De por ahí viene seguramente la vena artística.
A los nueve aprendí a tocar, un poco fomentado por mi papá, un amante del tango y de la obra de Flores, y que me cantaba cuando era chico. Un vecino me enseñó los primeros acordes. Creo que de ahí surgió esta vocación.

—¿Pensabas de niño que ibas a ser músico?
—Desde chico supe lo que quería ser, lo que es una ventaja. Quería ser músico y me enfoqué en eso. A los nueve años subí al escenario, en la escuela San Antonio, haciendo canciones de Palito Ortega y una simpática versión de Hey Jude de los Beatles, en español, que mi hermano Atilio me cantaba.
En mi casa lo que abundaba era música, en aquellos tocadiscos Philco. En ese entorno familiar nació mi vocación de cantar y hacer música. Eso se acrecentó cuando fui al Colegio Nacional de la Capital, donde empecé a participar en los intercursos y después en los intercolegiales, tocando la guitarra y cantando.

—¿Quiénes fueron tus maestros en la música?
—Un hecho muy importante de mi vida fue cuando llegó a mis manos y a mis oídos el primer disco de Vocal Dos, en el que los hermanos Pettengill grabaron con Óscar Cardozo Ocampo. Le presté mucha atención al tratamiento sonoro que le dieron a la música paraguaya, que era diferente a la que yo escuchaba en radio, que para mí era un poco aburrida. Me llamaron la atención, primero, las voces de los Pettengill y después el repertorio.
En ese tiempo, otra persona que marcó mi vida artística, a pesar de haberla conocido por poco tiempo, fue el gran músico Diosnel Chase. Entré a trabajar en la Apal por seis meses y él era quien se encargaba del reloj marcador. Nos hicimos amigos y me enseñó otros acordes.
Mi papá insistió en que tomara clases de guitarra y fui a parar a la casa de Emilio Bobadilla Cáceres, otro de los grandes próceres que me enseñó otros trucos con la guitarra.

—¿Cuándo empezaste a interesarte en la política?
—En 1973 ocurrió el golpe en Chile. Mi hermano iba a la facultad y sus compañeros de Derecho de la UC comentaban sobre política, y empecé a tener noción de lo que el Paraguay estaba viviendo y lo que pasaba en otros países de América Latina.
Pero en casa mis padres hablaban muy poco sobre política. La guerra civil del 47 fue muy fuerte para ellos. Si se hablaba era en voz baja. La premisa era: “No te metas en política”.

—¿Cómo te integraste a Juglares?
—Conocía al grupo Juglares, al que veía en un programa de deportes que tenía Edgardo Villalba Viccini en la televisión, que se hacía a la siesta desde el Hermitage. Estaban Alejandrino Chondi Paredes, Juan Carlos Dos Santos, Juan Carlos Chaparro Abente y creo que ya estaba César Cataldo. Me gustaba el grupo, porque era un poco rara la música popular con cello, era una conformación un poco extraña. En 1979 un amigo común, Heriberto Tornadú, me invitó a llevar serenata por el Día de la Madre y ahí estaba Chondi. Esa noche cantamos juntos por primera vez. Habremos llevado como 20 serenatas y quedamos en vernos alguna vez.
Yo vendía repuestos sobre Eusebio Ayala y fue un día Chondi y me dijo que quería armar de vuelta Juglares. A comienzos de 1980 empezamos los ensayos, que desembocaron después en nuestra primera actuación, el 11 de diciembre de ese año en el CCPA. Hicimos dos conciertos, el 11 y el 12.

—¿Qué fue el Nuevo Cancionero?
—El membrete de Nuevo Cancionero tiene que ver con la intención de renovar el repertorio, el cancionero popular paraguayo. Nosotros pensábamos que cada generación debía tener su voz propia, es decir, los músicos tenían que cantar las cosas que ocurrían en ese momento. Nació también porque había un movimiento continental que se estaba gestando y cuyo epicentro era Argentina.
El Nuevo Cancionero tenía tres metas. La primera era recuperar las canciones que estaban olvidadas, en muchos casos censuradas por su contenido; y las que tenían un valor cultural porque demarcaban una época, una forma de ver, una forma de sentir, una expresión de un lugar del Paraguay.
En segundo término, el Nuevo Cancionero quería fomentar eso, las nuevas creaciones. Juglares aportó para que muchas de esas canciones volvieran a ser escuchadas. Pretendía que los paraguayos escucharan la música que se hacía en otro país, era la difusión de los compañeros de la nueva canción latinoamericana. Entonces, hacíamos canciones de Silvio Rodríguez, Mercedes Sosa, Víctor Heredia. Todos ellos vinieron después a Paraguay gracias a que Juglares o Ñamandú cantaron sus canciones en tiempos difíciles, y se hicieron famosas y la gente trajo a los autores.
Juglares tenía un compromiso con la Patria Grande, y el Nuevo Cancionero hizo Patria Grande desde Paraguay, intentó conectarse con sus compatriotas y de alguna manera colaborar e insertar esa concepción.

El esfuerzo de los músicos del Nuevo Cancionero por dar a conocer las obras de sus compañeros latinoamericanos no siempre fue correspondido por estos. El Paraguay era y sigue siendo desconocido para la mayoría de los artistas extranjeros que suelen tener discursos comprometidos.

—Juglares se disolvió en 1984, ¿cuáles fueron las causas?
—Fueron cuatro años muy fuertes, pero también muy desgastantes. Queríamos hacer otra cosa y otro grupo quería seguir en lo que se estaba haciendo. No hubo cuestiones políticas de por medio.

—¿Cuándo nació Ñamandú?
—Ñamandú empezó en 1985 con Chondi y César Cataldo. En 1987, César se retiró por razones laborales e ingresó Rolando Chaparro, quien se quedó hasta 1994. El nombre de Terceto le debemos a Carlos Noguera, y el de Ñamandú a una canción de Virgilio Rojas, que cantaba Ára Pyahu y hablaba del primer padre verdadero. Tomamos ese nombre porque también estábamos en la línea de querer reivindicar el idioma y la cultura guaraní.
Fuimos terceto hasta el tercer disco. Hicimos una gira en 1987 y ahí cambiamos, éramos seis o siete, teníamos saxo, guitarra, teclados, bajo, arpa. Ahí quedamos como Grupo Ñamandú, que oficialmente se disolvió en 2007, pero yo desde 1998 que vengo haciendo mi carrera como solista.

—Como solista compartiste escenario con grandes artistas.
—Mi carrera de solista nació por culpa de Óscar Cardozo Ocampo, cuando vino para los Encuentros del Alma, un proyecto que él trajo para juntar a artistas argentinos y paraguayos. Y surgió un poco en esa intención de fusionar esas dos culturas que de por sí siempre estuvieron relacionadas.
Así vinieron Eladia Blázquez, Jairo, Lito Vitale, Luis Salinas, León Gieco, Teresa Parodi; y nosotros con ellos. Fueron jornadas muy lindas. En esos encuentros con el maestro Cardozo Ocampo hablamos y él me decía que tenía que hacer carrera como solista.
Canté con Mercedes Sosa en el ciclo Buenos Aires en vivo. Mercedes vino para tocar con Charly García en el Sol de América. Lo invitó a Agustín Barboza y él no quiso cantar solo, una muestra de su don de gente.
Subimos con Sembrador y Agustín Barboza a cantar. Después le invitó a comer un asado, y en esa casa de la sobrina de Barboza se improvisó una peña y yo canté Zamba para olvidar. Mercedes me dijo que tenía que ir a Buenos Aires junto a ella.
Se fue a España, la llamé y me invitó a cantar. Estaban el Chango Farías Gómez, Daniela Herrero que estaba empezando, León Gieco, Charly García, Nito Mestre, Peteco Carabajal. Estábamos en el mismo camerino compartiendo, y me presentó a todos. Subí a cantar con ella y a partir de ese momento me relacioné con mucha gente. Me abrieron las puertas. Cantar con Mercedes era lo máximo.

—¿Qué reflexión te deja haber sido parte del Nuevo Cancionero?
—El Nuevo Cancionero no hubiera existido jamás sin compositores como Flores, Teodoro S. Mongelós o el mismo Emiliano. Lo que hicimos fue copiar, porque toda esa gente —el caso de Cardozo Ocampo, poetas como Campos Cervera y Elvio Romero— tenía un compromiso con su arte, era excelente en lo que hacía y tenía un compromiso político-ciudadano, porque eso es lo que correspondía, por lo menos para nosotros. Era el ideal de artista que nosotros queríamos.

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Canciones para el recuerdo
“Estos 35 años los dividí en dos conciertos, el 9 de setiembre y el 14. El del 9 se llama Autobiografía y van a estar Juglares, Ñamandú y Sembrador. Voy a hacer las canciones que me acompañaron en todo este tiempo. Juglares me acompañará en dos canciones, haremos otras dos con Ñamandú y dos con Sembrador. Después cantaré solo”, detalla Ricardo Flecha.
El del 14 se llama Apurocanto. Tiene que ver con las propuestas que hizo y que tuvieron impacto a nivel internacional, como la Misa Guaraní presentada con Luis Szarán en Europa, en Alemania, Austria y Suiza, “que como siempre tuvo más impacto afuera que en nuestro país, y mi proyecto el Canto de los Karai, que es cantar con toda esta gente. Además, vamos a traer un artista extranjero que va a ser una sorpresa. Me van a acompañar casi los mismos músicos: Óscar Fadlala en arreglo, Mauricio Pinchi Cardozo Ocampo en dirección, Tato Zilly en bajo, Daniel Pavetti en percusión, Gabriel Colmán en guitarra y Carlos Centurión en teclados. La Misa Guaraní será con el proyecto Sonidos de la Tierra. Después desarrollaré mi repertorio con algunas canciones nuevas que voy a presentar ese día”, anuncia el músico.
Lo recaudado será a beneficio de los programas de la Sociedad Cultural Apurocanto. Los conciertos tendrán como sede el Teatro Municipal Ignacio A. Pane.

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