El juez de Garantías 9 Rolando Duarte dictó el sobreseimiento por el hecho punible de estafa, pero sí elevó a juicio respecto a que Eduardo Burgos se habría apropiado de bienes de la familia, como dos aires acondicionados de 24.000 BTU, siete ventanas de madera y siete puertas macizas, por un valor de G. 10 millones.
Pese a que la fiscala Mercedes Vera insistió en que había pruebas para probar la estafa, el juez dijo que la agente no describió la conducta en que consistió el engaño del supuesto arquitecto y tampoco “en qué consistió el perjuicio patrimonial, dado que solo habla de un acuerdo verbal”.
Según Duarte, en la acusación fiscal “no se relató con exactitud cuál sería el objeto de la acusación para su debate en un juicio oral, y cuál fue la conducta materializada por el acusado Eduardo Rubén María Burgos Ortiz que lo haya hecho incurrir en el tipo penal de estafa”.
Expuso que “la controversia es de evidente naturaleza civil”, a raíz del incumplimiento del contrato. “De ninguna manera, enmarca en una conducta penalmente relevante”, dijo el juez Rolando Duarte.
A raíz de esta decisión de sobreseerlo parcialmente, la pareja víctima ya anunció que va a apelar.
“Dejó destruida la casa”, denunciaron
Fernando Núñez y Anahí Vera, un matrimonio de médicos, denunciaron que compraron con mucho esfuerzo una vivienda en buen estado en Asunción y con el fin de remodelar, contrataron a Eduardo Burgos. En el 2022, obtuvieron un financiamiento para hacer remodelaciones, que incluía la construcción de un pequeño consultorio en la parte del frente.
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El supuesto arquitecto de la constructora Aereq inició las obras en abril del 2022, comprometiéndose a culminar las obras en tres meses.
Ese abril se le entregó la suma de G. 75.000.000. El segundo pago fue de G. 105.000.000, el tercero fue en junio, donde le entregaron G. 67.000.000, totalizando G. 247.000.000 la suma de dinero que la pareja desembolsó al arquitecto para las remodelaciones.
Por último, el cuarto pago, de G. 28 millones, se debía realizar al finalizar la remodelación.
Sin embargo, los avances nunca se vieron. Según la pareja, lo único que veía es que “rompían y rompían la vivienda”. En ese ínterin, los albañiles empezaron a sacar las ventanas, las puertas, los aires acondicionados, que desaparecieron. La explicación del arquitecto era que había llevado los materiales a un depósito en Luque “para su resguardo”.
En una ocasión, les construyó una pieza, sin ninguna abertura de puerta ni ventana y ante el reclamo de los dueños, la respuesta del supuesto arquitecto fue de que “esto se hace así”, pero luego, rompió la pared para hacer la ventana. La denuncia dice que incluso fundió el garaje y dobló el portón con todos los escombros que hizo.
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Luego de transcurrir un año del inicio de los trabajos, nunca se terminaron las remodelaciones. Es más, habría dejado destruida e inservible la casa, pese a que incluso fue intimado través de un abogado, relataron las víctimas.
“El retraso fue porque los portones estaban cerrados”, dice la defensa
Ante el juez, el abogado de Eduardo Burgos mencionó que “el retraso de la entrega de la obra se debió a que el arquitecto ya se encontró un día con los portones cerrados, impidiendo el ingreso a la construcción, con lo que no puede concretarse la conducta dolosa del hecho punible acusado”, según argumentó la defensa.