También se presenta la situación que cuando el técnico tiene su preferencia no hay otra salida que esperar la oportunidad, que en algunas ocasiones puede tardar mucho tiempo.
En esta entrega hablamos con Jorge Antonio Battaglia (50 años), quien fue el suplente de Roberto Gato Fernández en los partidos de las eliminatorias y luego en el Mundial de México 1986.
Sin embargo, el protagonista de esta historia considera que los más importante que le sucedió en su carrera es haber formado parte del plantel que clasificó para el torneo más importantes a nivel de selecciones tras 28 años de espera (Paraguay la última vez que estuvo fue en Suecia 1958 y después retornó en 1986).
“Es lo mejor que nos pudo haber pasado. Es una experiencia increíble lo que pasamos todos. Fue algo que habíamos soñado desde que comenzó las eliminatorias. Felizmente se concretó la clasificación en el último partido contra Chile, cuando empatamos 2 a 2 en Santiago”, recordó con un poco de nostalgia.
Relató: “Para el Mundial nos preparamos convenientemente. Hicimos una gira muy larga al comienzo de 1986 y después fuimos para la aclimatación a Bogotá por un mes con la finalidad de no tener inconvenientes en el momento de jugar en la altura de Toluca (México), que tiene altura”.
Trascendente
“Lastimosamente no pude jugar ningún partido en el Mundial, pero sí estaba preparado para hacerlo, porque el Gato Fernández era el titular. Esa circunstancias de estar en un Mundial, de vivirlo ahí adentro como jugador fue una experiencia maravillosa”, aclaró.
Dejó en claro: “Otro momento trascendente de mi carrera es cuando llegamos a la final con Olimpia en la Copa Libertadores, en el 1991, cuando perdimos el título frente a Colo Colo. Realmente el momento no fue tan bueno por el hecho de que perdimos el partido. Esas son las dos experiencias que siempre recuerdo y fueron lo máximo que conseguí como profesional”.
La celebración
“Ese día del partido con México era muy especial, porque jugábamos frente al local y además había más de 120 mil personas en el estadio Azteca. Sabíamos que iba a ver mucha presión y estábamos preparados. Estaban 200 a 300 personas que nos estaban alentando y después el resto eran todos mexicanos”, rememoró. También explicó: “Perdíamos 1 a 0 y luego el pase de Adolfino Cañete para Romerito. El gol de Romerito fue el que más grité en mi vida. Ni siquiera yo me acuerdo cómo lo festejé, pero sí terminé frente a Romerito que estaba festejando en el otro extremo y se arrodilla junto a mí y a Luis Caballero (fallecido). Fue un momento trascendente. También cuando el Gato desvía el penal a Hugo Sánchez lo recuerdo como si fuese hace horas”.
Prosiguió: “Con el Gato siempre lo estábamos siguiendo a Hugo como pateaba el penal. Sabíamos de sus movimientos y felizmente Fernández pudo desviar el penal para que se mantuviera el resultado y ahí en más pasar a la siguiente fase, que en aquella época nunca habíamos conseguido en un Mundial”.
El grupo
“El grupo que fuimos al Mundial hasta hoy día quedamos como muy buenos amigos todos. Es cierto que con la mayoría no nos encontramos asiduamente, pero las veces que nos reunimos en un acontecimiento para un partido de fútbol en los que somos convocados siempre recordamos con nostalgia esas situaciones que hemos pasado. Era un plantel fuerte con sus virtudes y defectos”, agregó Battaglia.
Resaltó: “Tratamos de estirar el carro todos juntos en los encuentros y por ahí podíamos seguir avanzando a la otra fase, pero nos tocó Inglaterra que era uno de los favoritos”.
La constancia
“Con Éver Hugo Almeida como compañeros de equipo solamente lo tuve por seis meses. Yo llegué al Olimpia en junio de 1990 y él se retira a fin de año. Sí el siguiente año me tocó pelear el puesto con Julián Coronel (tercer arquero de la albirroja en el Mundial de México 1986). Julián jugó los dos primeros partidos del torneo local, luego tuvo una lesión y yo debuté en la Copa Libertadores frente a Cerro Porteño y perdimos por 1 a 0 con gol de Ramón Ángel Hicks, de penal. Sin embargo, en el segundo partido ganamos por 3 a 0 y pasamos a la siguiente fase y luego llegamos a la final”, narró el ex portero.
Admitió: “Sí, en el banco se sufre más que dentro de la cancha, por más que esté realizando el calentamiento y todas esas cosas, porque siempre está pendiente de lo que está realizando los compañeros. Ahora, que estoy al otro lado (hace cinco años es preparador de arqueros de Libertad) se sufre más desde las gradas, que incluso estando en el banco. Me tocó pasar por todos esos momentos. Todo sucede porque uno quiere que sus dirigidos hagan bien las cosas y que todo salga bien y no depende de uno sino de otros”.
HISTORIAL. Battaglia se había iniciado en las Inferiores del Atlanta de la Argentina, cuando residía en el vecino país con sus padres. Empero, fue en Sol de América donde debutó en la Primera en 1979. También jugó por Bolívar, de Bolivia; Estudiantes d e la Plata, de Argentina; Olimpia; Alianza Lima, de Perú; Independiente de Medellín, de Colombia; y terminó su carrera en el Sportivo Luqueño. Jorge está casado con Elena Romero (hermana de Julio César Romero) y tienen cuatro hijos. Ellos son: Antonella (21 años); Alexandra (18); Leandro (12) y Lucía (11).
AGRADABLE. “Cayetano Re era una persona muy agradable. Siempre tenía un buen espíritu. Nos aconsejaba para que disfrutáramos el Mundial, porque es un torneo que no se juega todos los días. Pedía a todos los que les toque la oportunidad de jugar que lo haga como lo hacía siempre, ya que era algo que lo recordaríamos con mucha nostalgia y efectivamente su cumplieron las palabras del profesor”, dijo Jorge.
SINCERIDAD. “El profesor Re era una persona que te hablaba de frente, que te decía las cosas en el momento justo. Yo tengo muy buenos recuerdos de Cayetano como persona y como profesional. Le estoy siempre agradecido por haberme dado la oportunidad de estar en el Mundial de México 1986 más allá de los méritos que uno pudo haber tenido”, manifestó Battaglia.
EL ESQUEMA. “Jugábamos prácticamente con tres volantes en el medio. Estaban Nunes, Romerito (Julio César) y Cañete (Adolfino) por el lado izquierdo a veces jugaba Buenaventura y alternaba con el trabajo Roberto Cabañas y Ramón Ángel Hicks. También estaba Alfredo Mendoza”, describió el ex portero.
JUEGO ALEGRE. “Cayetano es un tipo que veía bien el fútbol, que sabía explotar las cualidades de los jugadores con los que contaba para poder conseguir los triunfos en cada partido. Su equipo practicaba un fútbol alegre y nunca pidió que los compañeros se defiendan”, indicó el protagonista.
RECONOCIMIENTO. “De todos los técnicos con quienes me tocó trabajar, Cayetano era el más motivador. Además, tenía carisma para llegarles a sus jugadores. Peleaba con los dirigentes para que sus dirigidos estén en los mejores hoteles y que pueda percibir los premios más importantes. Nos motivaba para poder entrar en la cancha y demostrar todo lo que sabíamos”, sostuvo el hoy preparador de arqueros.