Cuando hablo de impotencia no me refiero a las dotes de amante del senador colorado que fue foco de atención en los últimos días, sino a ese sentimiento que llevamos los paraguayos dentro, al ver el grosero despilfarro del dinero público. Al observar cómo millones y millones de billetes van a bolsillos de las autoridades de turno y de sus amigos y parientes, mientras la mayoría de la población atraviesa por un montón de penurias.
La indignación crece cuando vemos niños dando clases bajo los árboles, sentados sobre troncos y llevando encima días de ayuno. Existen demasiados funcionarios públicos (cerca de 300.000 cargos) para un Estado incompetente, que no ofrece buenos servicios a sus habitantes, adoleciendo principalmente en salud, educación y seguridad.
Ojo, no todos los empleados estatales son malos. Existen buenas y capaces personas. Por ende, debe haber un transparente proceso de racionalización de los recursos humanos y concursos honestos en las diversas entidades públicas.
En un país paralelo sería impensable que, con todo el dinero que destinan los tres poderes del Estado y las entidades binacionales a salarios (incluidas las bonificaciones), todavía haya escuelas de madera, hospitales precarios, sin insumos ni médicos, y pésimas calles (con verdaderos cráteres), entre otras muchas falencias de infraestructura.
Pero en el país real que habitamos, ahora se entiende por qué tenemos tantas carencias, dado que se inflan los presupuestos para pagar salarios a operadores y funcionarios en el freezer, a la par que se compran los materiales más baratos para realizar las obras de infraestructura. Muchos parques y plazas de Asunción ni siquiera cuentan son el servicio de agua potable o sus cañerías están averiadas hace años, y el problema termina en una fútil pelea (tirándose la pelota) entre la Comuna capitalina y Essap.
Con respecto a las binacionales, Itaipú y Yacyretá, cuyas autoridades piensan que están por encima de la Constitución Nacional, se les debe recordar que su mayor insumo para producir es el agua, es el río Paraná, propiedad del Estado paraguayo. Por ende, sus beneficios deben llegar a todos los habitantes. Por ejemplo, solo en vales de comida, las entidades Itaipú y Yacyretá destinan mensualmente cerca de G. 4.200 millones, monto que puede cubrir el costo de 324.500 platos de almuerzo escolar.
Ojalá que todo este horrorífico gasto público no quede en la mera publicación de los medios de comunicación, sino que realmente los tres poderes del Estado hagan algo, coordinen acciones para corregir el rumbo de este barco tan deforme e injusto llamado Paraguay. Que nuestras autoridades sientan vergüenza y actúen, pese a que muchos políticos perdieron la vergüenza hace bastante tiempo.
Si así no lo hicieren, seguiremos publicando sus despilfarros.