“Venezuela podría volverse ingobernable”. “El proceso revolucionario está pésimo”. “Esto no sucede ni en Cuba”.
Las tres frases son de lo más habituales en boca de antichavistas. Pero llaman la atención, por decir lo menos, si son pronunciadas, como sucedió en los últimos días, por Heinz Dieterich, Alberto Müller Rojas y Luis Britto García, que han sido ideólogos fundamentales para el actual régimen venezolano.
El primero es uno de los autores del concepto “socialismo del siglo XXI”, usado profusamente por Chávez; el segundo ha abonado, como asesor militar presidencial, el concepto de “guerra asimétrica” por el cual Chávez armó a Venezuela para defenderse ante una posible invasión norteamericana, y el tercero es un escritor que recibió el premio nacional de literatura en 2002.
PREOCUPACIÓN. A estas expresiones, que constituyen un duro golpe para el mandatario y generan preocupación en el oficialismo de cara a las elecciones legislativas de setiembre, se añade la decisión del partido minoritario Patria Para Todos (PPT) de pasarse a la oposición tras recibir en sus filas al popular gobernador del estado de Lara, Henri Falcón, que también dejó el chavismo y fue calificado de “traidor” por el mandatario.
Según el analista venezolano Gustavo Coronel, estas deserciones constituyen una profundización del fenómeno que se inició en los últimos meses con la renuncia del entonces vicepresidente y ministro de Defensa Ramón Carrizález, descontento por la creciente gravitación de La Habana en los asuntos venezolanos.
“Estamos viendo el éxodo de algunos de los más importantes colaboradores del presidente, algunos de los cuales lo habían acompañado en su intentona golpista de 1992. Es un indicador muy evidente de la pérdida del poder político de Chávez”, dijo Coronel al Diario La Nación, de Argentina.
El proceso no carece de puntos de contacto con lo que acontece en Cuba, donde los músicos Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, tradicionalmente cercanos al régimen castrista, han pedido cambios urgentes en la isla.
Chávez, que ha tomado como inspiración el régimen de los Castro, en rigor su principal aliado en la región, ha dicho el 2 de febrero pasado, en los festejos del 11º aniversario de su “revolución bolivariana” que podría gobernar 22 años más. Es decir, hasta que tenga 77 años, dos años menos que su mentor Fidel Castro cuando debió dejar el gobierno por enfermedad.
Sin embargo, la realidad parece moverse en un sentido diametralmente opuesto: la inflación más alta de la región, la inseguridad (más de 16.000 homicidios en Caracas en 2009), el cierre de canales de televisión y la tremenda crisis energética están licuando el apoyo popular del mandatario: su nivel de credibilidad es actualmente de un 30%, contra un 50% en 2007, según las últimos encuestas.
“Los sondeos muestran que la gente dejó de culpar a factores externos a Chávez y comienza a responsabilizarlo directamente a él por su discurso de odio y exclusión. Es algo inédito sin duda alguna. Los venezolanos comienzan a exhibir madurez política y a aceptar el fracaso del gobierno”, dijo a La Nación el analista Omar Noria.
MÁS FISURAS
El derrumbe que tiene la revolución bolivariana se produce por las crecientes fisuras que exhibe el liderazgo chavista. Heinz Dieterich, que se considera amigo de Chávez, ha dicho al diario venezolano El Nacional que el presidente “no ha constituido institución alguna que se pueda llamar del socialismo del siglo XXI ni ha hecho un esfuerzo serio de crear la conciencia sobre la transición a este concepto”. También elogió a Falcón, el político más aborrecido actualmente por Chávez, que se fue dando un portazo del oficialismo, enojado por la decisión de expropiar un terreno de la cervecera Polar en Barquisimeto, Lara, para supuestamente construir viviendas en una zona industrial.