La definición de puntualidad es: Característica de lo que se produce en el momento adecuado o acordado. En cualquier ámbito en que nos movamos, y en cualquier país, la puntualidad es una de las normas básicas de la buena educación. Efectivamente, existen distintos puntos de vista sobre esto, la más típica, la de llegar tarde a una fiesta o una boda, o mejor dicho llegar “elegantemente tarde” significa que estás a la moda. Mentira. No es elegante ni educado llegar tarde a ningún lugar.
Cuántas veces hemos escuchado la frase: "¿¡Hora: Hora!? u ¿hora paraguaya?”. Como paraguayos, hemos logrado convertir en un arte marcial el ser cachafaz con el horario. Lo peor de todo es que la cura de esto es la vergüenza. En mi caso, al menos, en una oportunidad tuve la desdicha de llegar tarde a una reunión con clientes (de otra nacionalidad) para quienes los 18 minutos que les “robé”, fueron más que suficiente para que pierda la cuenta y el trabajo asignado. Desde ese día en adelante, la hora es la hora.
Leí una teoría proveniente de una empresa japonesa que responde o mejor dicho se inspira en una frase de Horace Mann que dice: “La informalidad en llegar tarde a una cita es un claro acto de deshonestidad. Igual puedes robar el dinero de una persona si estás dispuesto a robar su tiempo”. Dicha empresa resume que al llegar tarde a una presentación no solo estás robando tiempo, sino que estás robando el tiempo de cada uno de los participantes en forma individual. Tomando una postura tan severa sobre la puntualidad y dejando el “así nomas” característico de la hora paraguaya, podemos identificarnos con está forma de ver el tiempo como plata y respeto.
La próxima vez que lleguen tarde a una reunión, tengan en cuenta que la puntualidad es una forma básica de educación. Llegar tarde es como llegar a una reunión “a hora” y escupir en la cabeza del gerente general de la empresa luego de haber hecho comentarios sobre el parecido entre su señora y Maia la elefanta del Botánico.
Si dejamos de ser puntuales, perdemos al menos dos cosas: 1. El respeto de las demás personas por nosotros y por todo lo que representamos: nuestro producto, nuestra marca, empresa, etc. 2. Grandes oportunidades de desarrollo: En un país donde ser impuntual es cosa de todos los días, el ser puntual vale millones. Si queremos que el Paraguay funcione como reloj, debemos empezar por respetar el reloj.