Desde las 4 de la mañana y hasta las 12 de la noche, Teófilo Franco se ocupa de cuidar ovejas, vacas y caballos, además de mantener en buenas condiciones todo un galpón.
Como cabañero y capataz de la estancia Don Pedro, de Paraguarí, Franco lleva este agotador ritmo laboral durante al menos dieciséis días, los que dura la Expoferia, donde se hace presente desde hace 15 años.
Él es apenas uno de los tantos trabajadores que confluyen en el predio ferial cada año, donde demuestran que con esfuerzo y empeño muchas cosas son posibles.
Terminada la Expo, don Franco vuelve a la estancia, donde le espera igual o incluso mayor trabajo durante todo el resto del año.
Nidia Franco, en cambio, secretaria de la Asociación de Ovinos, está en el predio ferial durante todo el año. “Hace 27 años que estoy acá, donde hago oficina. Y en los diecisiete días que dura la Expo prácticamente me mudo a este lugar, donde me encargo de las ovejas y de las ventas. Prácticamente vivo acá”, comenta. Ella considera que el esfuerzo se justifica. “Vale la pena. Cada día se va mejorando en genética, en todo, y es importante que se vea y se reconozca”, comenta.
Ganar o empatar. A sus 59 años, Julio Toledo es uno de los trabajadores más antiguos de la Expoferia. Se inició con un puesto de venta de churros. “Estoy acá desde el 86. Al principio era subcontratado y luego ya me independicé”, cuenta. Ahora, además del puesto de churros, alquila uno de los locales del patio de comidas, donde vende hamburguesas y lomitos. “Antes los stands de la Expo eran todos con toldos, después se fue mejorando para llegar a lo que es ahora, una pequeña ciudad con todos los servicios que uno necesita”, recuerda.
No se queja de los resultados económicos que obtiene en la feria. “Ganamos y volvemos, y otras veces empatamos, pero son gajes del oficio. Nosotros siempre apostamos a ganar”, dice.
Hoy, don Julio tiene a su cargo a 14 personas entre los dos puestos de comida. “Hay que trabajar mucho. Trabajando únicamente se puede empatar o ganar”, asegura, envuelto en humo con olor a hamburguesas.
Negocio lechero. Por motivos de salud, hace
tres años Hugo Osorio incursionó en el negocio lechero.
A su madre, enferma de cáncer, le habían recomendado consumir leche de cabra para que su organismo pudiera procesar la cantidad de pastillas que consumía. “Entonces, comencé a trabajar en el campo, a investigar sobre la leche de cabra y sus propiedades”, cuenta Osorio. En el 2004, compró 8 hectáreas de tierra en Pirayú y varias
cabras.
Hoy, procesa 2.400 litros de leche al mes, que vende en los supermercados en envases de un litro y medio litro. Al negocio se sumaron cinco socios.
En la cabaña trabajan 5 personas y el procesamiento de la leche lo tercerizan porque todavía no cuentan con todo el circuito industrial.
El producto se vende en Asunción, área metropolitana y Coronel Oviedo. El siguiente paso es enviar a Encarnación y Concepción. “El mercado todavía está insatisfecho, no llegamos a cubrir toda la demanda. Es un trabajo pesado”, apunta.
Pero Osorio tienen más metas. “Cuando dupliquemos la producción vamos a lanzarnos a la elaboración del dulce de leche”, proyecta.
Historias de gente de trabajo, de gente de la Expo.
Un cierre con luces
Con un show de fuegos artificiales, anoche se puso punto final a la edición número XXVI de la Expoferia de Mariano Roque Alonso.
Durante dos semanas, la mayor muestra productiva del país tuvo 750 mil visitantes. Todos los detalles de la muestra en un suplemento especial que acompaña a esta edición.