20 abr. 2026

HAY QUE LUCHAR

CONTRA LO QUE

NOS AGOBIA

Queridos amigos. La Administración de Justicia del Paraguay tiene sectores totalmente corruptos y sectores admirables de gente que vive dando ejemplo de honestidad, valor cívico, amor a la patria y respeto a los valores de honor y dignidad. Quienes se encuentran en los “sectores admirables” están muy solos, ya que no se manifiesta socialmente la aprobación a sus gestiones.

Tampoco se manifiesta socialmente el repudio objetivo, motivado por el análisis y comprobación de deshonestidad, ignorancia o arbitrariedad caprichosa de los jueces venales, incompetentes o injustos por mero gusto de hacer daño o el disfrute del poder de hacer daño.

Les invito a aprobar lo bueno, y manifestar nuestra aprobación, y desaprobar lo malo y manifestarlo. Debemos apoyar moralmente a los jueces justos y desalentar a los mafiosos. No conviene tener la misma actitud con el bien y el mal, tratando de escapar a nuestra responsabilidad de hacer de nuestro país un Estado menos corrupto.

Tenemos que aprobar a los buenos en forma privada y pública, en nuestras enseñanzas a los niños, en nuestras manifestaciones de culto, diciendo las cosas como son y promover los valores de honor y dignidad.

Si no luchamos contra el mal que nos agobia, quedaremos asfixiados, abatidos y sometidos a los facinerosos que acceden al poder por imprevisión o desinterés, o por maquinaciones diabólicas de simples ladrones. Comencemos a premiar a los buenos y desalentar a los malos. Comencemos a valorar nuestro honor y dignidad, y valorar el valor personal. No solo en las guerras internacionales deben existir héroes. Deben existir en la paz y ser reconocidos también en la paz. Eso sí, cuidado con los reconocimientos dirigidos por los facinerosos. Cuidado con los halagos de los atorrantes. La mejor forma de reconocer a los majaderos es no siéndolo. Tengan un buen futuro, un futuro mejor, una patria mejor y un camino más seguro para nuestros menores.

Carlos Mojoli Vargas

SEÑOR MINISTRO,

¿CUÁLES BANDERAS?

Apenas iniciado el año lectivo, ante el episodio de nuevos conflictos en el CNC, como respuesta a dichos incidentes, al tiempo de comunicarse la intervención administrativa ordenada a la institución, el ministro de Educación solicitó que vuelvan las banderas al colegio; interrogándome entonces: ¿Cuáles banderas?

Como ex alumno del CNC -Promoción 1987, Bernardino Caballero-, creo tener suficiente licencia, personería y legitimación para considerar y formular opiniones e inquietudes atendibles en este espacio, acerca del siempre reiterado tema de convulsiones en dicha centenaria institución:

Otra vez pregunto al Sr. ministro don Horacio Galeano Perrone: ¿Cuáles banderas?

La principal y fundamental bandera a retornar es la recuperación del debido y perdido respeto a las autoridades, directivos, docentes, estudiantes, medio ambiente, etcétera.

Entiendo quizás con certeza que el Centro de Estudiantes 23 de Octubre, como también los centros de estudiantes en los demás colegios y facultades, jamás constituyeron un influjo positivo y de edificación institucional; antes mal, de negativas incidencias. Hasta significa factor de desintegración, pues para colmo cada género tiene su propio centro (el de mujeres se denomina Serafina Dávalos).

Es mejor instituir una suerte de representación estudiantil, cuyos representantes surjan de un cuerpo de delegados de cursos, a manera de fomentar las convenciones, los debates, los acuerdos, el trabajo en equipo, minimizar el exagerado voto directo (electoralitis), que distrae al estudiantado en necias, inoportunas e ininterrumpidas campañas electorales, en lugar de estudiar.

El factor positivo de la otrora grandeza del CNC (no reciente) fueron las Academias Estudiantiles (de Historia, Literaria, Científica, de Periodismo, de Música, Retórica, etc.), que fueran canteras de grandes líderes.

Bien podríamos -enhorabuena- instituir toda una materia o cátedra para todos los cursos, referido a la permanente formación y entrenamiento de líderes, que debiera motivar toda una causa nacional y una política de estado; principiando con la urgida denominación de la respectiva cartera, como M.E.L. Ministerio de Educación y liderazgos.

Oribe Fabio Sosa Ortellado

HIJOS DEL EXILIO

Los hijos del exilio son los grandes olvidados de la democracia, de la opinión pública y de la justicia. Ellos son las verdaderas víctimas, pues pagaron, sin culpa alguna, la guerra de sus padres. Eran causas justas, pero de sus padres. Cuando estos señores, en su infancia o en su juventud, se despertaron, ya estaban en la cárcel, o en otro país, o de la mano de su mamá buscando incesantemente a su padre.

Ellos crecieron en la angustia, en el castigo, en la nostalgia y en el sufrimiento de sus padres. Nadie veía la vida de ellos, pues todos estaban ocupados y pendientes de las causas políticas de sus padres o madres. La persecución y las reivindicaciones colmaron las vidas de los hijos de los exiliados, nadie les preguntó si querían o estaban de acuerdo, pero así eran sus vidas, las vidas de sus padres.

Muchos fueron prisioneros de la esperanza de encontrar a su padre; otros, ya seguros de la pérdida, vivían de la memoria del padre. Los hijos e hijas del exilio viven por la mitad, parte de ellos está neutralizada, no sé si me explico, yo sé que ellos no viven plenamente.

Muchos son depresivos, u obsesivos; otros nostálgicos, tristes, conflictivos, angustiados, algunos ansiosos, o casi sin patria, no saben si son del país en el que crecieron o del país con el que sus padres soñaban. Por suerte algunos de ellos quedaron bien y se dedican a ayudar a los otros.

En Radio Libre, 1200 AM, de Paraguay, todos los domingos de 9.00 a 10.00 de la mañana, empieza un programa conducido por dos hijos del exilio: Felipe Ortiz y Silvio Cazal, escúchenlos

Marzha Navarro

¿LEFEBVRISTAS INFILTRADOS?

Una de las características más nefastas de los teólogos religiosos integristas es su negativa a aggiornarse.

Lamentablemente existen en nuestro medio algunos católicos integristas disfrazados, que todavía creen en la ¿santa? inquisición y pretenden encadenar a los feligreses y sacerdotes actualizados a disposiciones caducas y fuera de contexto. Ni que viviéramos en los siglos de plomo del medioevo y sujetos al dominio papal y a la insufrible escolástica penitencial vestida de filosofía lógica, pero negada a todo silogismo. Teresa de Jesús decía: "¡De santos amargados y penitencias inútiles, líbranos Señor!”, en clara admonición a los sostenedores de La Culpa y del Pecado de pensar por uno mismo. No es necesario ahondar en detalles, sólo pido a esos señores lefebvristas que moderen su virulencia, en nombre de la libertad de conciencia y el libre albedrío de una patria laica. Es justo y necesario.

Celso Aurelio Brizuela