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Hallan un sistema de 6 exoplanetas girando alrededor de una estrella

 

Desde que en 1995 se descubriera el primer planeta extrasolar, se han catalogado más de 4.000. Los hay extremadamente calientes, más y menos densos o parecidos en tamaño y forma a la Tierra. Ahora, un equipo internacional de astrónomos ha descubierto un sistema de seis con un peculiar ritmo de movimientos.

Cinco “bailan a un extraño compás” alrededor de su estrella central, la TOI-178, a unos 200 años luz de distancia en la constelación de Sculptor. Los responsables del trabajo creen que este sistema podría proporcionar nuevas y mejores pistas sobre cómo los planetas, incluidos los de nuestro sistema solar, se forman y evolucionan.

Su descripción se publica en la revista Astronomy & Astrophysics, en un artículo que lideran investigadores de las universidades de Ginebra y Berna (Suiza), y firman más de un centenar de autores.

La primera vez que el equipo observó TOI-178 en 2018 en los datos de la misión TESS pensó que el sistema contenía solo tres planetas con dos de ellos en la misma órbita. Sin embargo, al echar un vistazo más de cerca con nuevos datos, vio algo completamente diferente, detalla un comunicado del Observatorio Europeo Austral (ESO), que califica el sistema de desconcertante.

Cuenta con seis exoplanetas y todos, menos el más cercano a la estrella –se desconoce por qué–, “son prisioneros de una rítmica danza mientras se mueven en sus órbitas”. Es decir, están en resonancia, lo que significa que hay patrones que se repiten a medida que se mueven alrededor de su estrella, haciendo que algunos se alineen cada pocas órbitas.

Esta dinámica no es exclusiva de este sistema, dice Ignasi Ribas, investigador en el Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña y del CSIC en el Instituto de Ciencias del Espacio, quien apunta que se ha observado al menos en otros cinco conjuntos de exoplanetas, entre ellos los que orbitan alrededor de Trappist-1.

LAS LUNAS DE JÚPITER. Pero no solo Ribas, también autor del estudio, detalla que una resonancia similar se observa en nuestro sistema solar, en las órbitas de tres lunas de Júpiter: Ío, Europa y Ganímedes. En este baile, Ío, el cuerpo más cercano de los tres a Júpiter, completa cuatro órbitas alrededor del planeta por cada órbita de Ganímedes, la más lenta, y dos órbitas completas por cada órbita de Europa.

En el caso de TOI-178, los cinco exoplanetas exteriores siguen una cadena de resonancia mucho más compleja, una de las más largas descubiertas hasta ahora: mientras que las tres lunas de Júpiter están en una resonancia de 4:2:1 órbitas, los cinco exoplanetas siguen una cadena de 18:9:6:4:3. Es decir, mientras el primer planeta en esta cadena de resonancia completa 18 órbitas, el segundo completa 9, y así sucesivamente. Más que una curiosidad orbital, esta danza de planetas resonantes proporciona pistas sobre el pasado del sistema.

“Sus órbitas están muy bien ordenadas, lo que nos dice que este sistema ha evolucionado de una forma suave desde su nacimiento”, subraya Yann Alibert, de la Universidad de Berna; si sufriera perturbaciones importantes en el inicio de su formación, como un gran impacto, esta frágil configuración de órbitas no habría sobrevivido.

Esto nos dice, señala por su parte Ribas, que estos sistemas, en su formación, tienen tendencia a encajar sus planetas en este tipo de resonancias estables. En este caso ha ocurrido con cinco de ellos; el más cercano a la estrella no entró en esta danza. “No es fácil saber por qué. Este planeta, por el motivo que sea, ha hallado su estabilidad en una configuración distinta”, indica.

Aunque la disposición de las órbitas sea clara y bien ordenada, las densidades de los planetas son mucho más desordenadas, relata Nathan Hara, de la Universidad de Ginebra: parece que hay un planeta tan denso como la Tierra justo al lado de uno muy esponjoso, con la mitad de densidad de Neptuno, seguido de un planeta con la densidad de Neptuno. “No es a lo que estamos acostumbrados”.

Los seis planetas tienen tamaños que van desde aproximadamente uno hasta aproximadamente tres veces el tamaño de la Tierra; algunos son rocosos, pero más grandes que la Tierra (se conocen como supertierras) y otros gaseosos.


Los responsables del trabajo creen que este sistema podría proporcionar nuevas y mejores pistas sobre cómo los planetas, incluidos los de nuestro sistema solar, se forman y evolucionan.

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