Correo Semanal

Hace 30 años se lograba la repatriación de los restos de José Asunción Flores

 Como un auténtico logro ciudadano puede definirse el que en noviembre de 1991 se concretara este ansiado gesto, de que el creador de Mburicaó volviera a sus raíces.

  • Antonio V. Pecci
  • Periodista e investigador
  • antoniopeccipy@yahoo.com

El maestro Flores había fallecido en Buenos Aires un 16 de mayo de 1972, hecho que produjo un gran impacto en la colectividad paraguaya, en el seno de organizaciones argentinas y figuras del mundo artístico y cultural. Su sepelio, al día siguiente, en la Chacarita duró ocho horas, en que más de cincuenta oradores se turnaron en el uso de la palabra, desde las 09:00 hasta las 17:00, según comentaba Emilio Vaesken, uno de los entrañables amigos del gran músico y destacado cantante. La prensa argentina le dio un gran destaque a la partida del creador de India, al igual que los diarios y revistas de nuestro medio.

–¿Por qué no se produjo la repatriación entonces, tal como se pedía?

–Por la prohibición terminante del régimen autoritario que negó toda posibilidad de que fuera enterrado en su patria.

Por eso sus restos fueron depositados en el panteón societario de Sadaic, la entidad que agremia a los artistas de la música, en el cementerio de la Chacarita. Dicha posibilidad podía durar diez años.

A mediados de la década del ’80 surgió un nuevo movimiento que buscaba repatriar los restos de Flores. Las reuniones se llevaban a cabo en el auditorio Jacinto Herrera de Radio Ñandutí. Y de las mismas participaban Humberto y Gloria Rubin, Alcibiades González Delvalle, Ernesto Báez, los hijos del maestro, Francisco Guaraní y Olga Flores, los hermanos Pettengill, Agustín Barboza, poetas e intelectuales.

Estas sucesivas reuniones tuvieron un final abrupto. Tal como nos relata el propio González Delvalle: ‘La llegada al país de los restos del maestro José Asunción Flores el 11 de noviembre de 1991, significó el triunfo de una causa largamente peleada y soñada. Muerto en la Argentina en mayo de 1972, la dictadura nunca le permitió que viviera ni siquiera que visitara su patria. Se pensó, entonces, que por lo menos sus restos serían repatriados a la tierra que tanto ha honrado con su talento, su arte, su conducta. Fue entonces que se creó una comisión que corriera con los trámites, pero cada uno de sus miembros fue citado a acudir al despacho del viceministro del Interior, Miguel Ángel Bestard, el cual advirtió que el gobierno no daría su autorización; que los restos de Flores nunca vendrían al Paraguay’. Las instrucciones transmitidas por el viceministro, ratificaba la postura del General Presidente, quien había vetado la posibilidad de que el gran compositor viniera, en la década del ’60, por un breve tiempo a instalarse en las cercanías del arroyo Aquidabán. Flores quería asomarse al lugar para escribir ‘La noche antes’. Pero el dictador dijo a sus allegados en Palacio que si llegaba el músico a posar el pie en territorio nacional, le esperaría una Caperucita roja para llevarlo a la cárcel.

FLORES REPATRIADO

El cantautor José Antonio Galeano nos cuenta que en 1989, Radio Ñandutí, nuevamente al aire, su director le ofrecía un espacio radial los sábados a la tarde. Así surgió ‘Canto popular’, conducido por el mismo. ’Desde el primer hasta el último programa de ese largo ciclo, nos dice José Antonio, había una consigna de hierro: Comenzar siempre –pero siempre–, con una obra de Flores. Y el compromiso, desde el primer programa, de hacerlo así hasta que los restos del maestro descansen entre nosotros. Este hecho ameritaba que en cada programa se escuchara Flores y se hablara de la repatriación. Conocía de mucho antes a Gilberto Rivarola, padre de mi amiga del alma María de la Paz, y en el afán de dar contexto más firme a la idea, lo invité un día a hablar de su amistad con el Maestro. La experiencia resultó no solamente grata sino altamente enriquecedora, y Gilberto se volvió visitante asiduo de ‘Canto Popular’. Andando el tiempo, el parlamento sancionó y el ejecutivo promulgó la Ley de Repatriación de los restos de paraguayos ilustres fallecidos en el extranjero. Fue entonces cuando, junto con Gilberto, vimos la posibilidad cierta de ver cumplido el sueño de que el autor de “Paraguaype” descanse en su amada Asunción… La idea fue tomando cuerpo y la pasión hacedora de Gilberto, a cuyo carro subí emocionado, más la de otras y otros compañeras y compañeros, logró articular la Comisión Nacional de Repatriación de los restos del maestro José Asunción Flores, presidida por Francisco Guaraní Flores.

Los miembros de dicha comisión además de gestionar la repatriación de los restos en un vuelo especial de LAP, también acudieron a la Intendencia Municipal de Asunción, para que el féretro pudiera reposar a orillas del Mburicaó. Como relata María de la Paz Rivarola: ‘Lo recuerdo muy atareado, coordinando los detalles junto con la comisión de Buenos Aires, también integrada por prestigiosos amigos del maestro; ultimando los trámites y gestiones con Sadaic, que tenía a su cargo el panteón, y que había puesto un plazo perentorio para el retiro de los restos de Flores. Confeccionaba prendedores, encargaba banderines, coordinaba reuniones y hacía de nexo con el Senado y la Municipalidad de Asunción, para que los restos del maestro fuesen depositados en la Plaza Manuel Ortiz Guerrero - José Asunción Flores, marcando y eligiendo personalmente junto con otros miembros como Alcibiades y José Antonio, el sitio donde finalmente reposaría el amigo tan caro a sus afectos’.

Desde Buenos Aires, una comisión similar, presidida por el Dr. Carlos Abente también ponía manos a la obra para lograr los permisos correspondientes. Se hizo un gran festival de despedida en el Teatro Astral, con la participación de artistas argentinos y paraguayos; y una comitiva integrada por referentes de ambos países acompañó el traslado del féretro hasta el avión, entre los que se encontraban el Dr. Abente, Óscar Clérici, Ramón Maciel Romero, Elvio Romero, Ariel Ramírez, Armando Almada Roche y Eduardo Falú, entre otros.

A ORILLAS DEL MBURICAÓ

El recibimiento en el aeropuerto internacional de Luque fue multitudinario. Y desde ése sitio una larga caravana que seguía al coche de la funeraria que portaba los restos del excepcional creador recorrieron las principales avenidas, siendo saludado por estudiantes y transeúntes.

La fila de coches pasó por la Chacarita –su barrio de origen– donde fue saludada por las galoperas de la Chacarita, hasta llegar a la Casa de la Cultura, donde lo aguardaba el presidente Andrés Rodríguez con su gabinete y numeroso público.

En esa ocasión restituyó al artista la Orden Nacional del Mérito en forma póstuma, que la entregó a Francisco Guaraní Flores.

Ya en el interior del amplio patio, se llevó a cabo el recital popular con el maestro Luis Szarán al frente de la OSCA y un público fervoroso frente al ataúd del ilustre compositor, que finalmente, llegaba a su tierra natal. Al día siguiente, sus restos serían inhumados en la plaza citada y cubiertos por una lápida de mármol blanco, donde reposa hasta la actualidad. En homenaje a la gran amistad que los unió la plaza pasó a denominarse Manuel Ortíz Guerrero-José Asunción Flores.

Al respecto señala Ticio Escobar, integrante entonces de la comisión referida: “Por un lado, José Asunción Flores debería ser continuamente repatriado al Paraguay para aventar la bruma de mediocridad, injusticia y corrupción que ofusca tan a menudo nuestro territorio: Su figura, como la de pocos, es una promesa de otro Paraguay posible. Y desesperadamente necesario (…). La repatriación no solo cumple la reparación histórica de los agravios cometidos por la dictadura de Stroessner contra el gran maestro. Significa un énfasis puesto en el prefijo ‘re’: Recompone un lugar con lo que le falta y lo reafirma como tierra-patria”.

El maestro, al fin, descansaba a la vera del arroyo que inspirara una de las más hermosas obras surgidas de su talento y su amor a la naturaleza. Gracias al fervor y la tenacidad ciudadana.





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