19 abr. 2026

Guerra

Los medios de información, los discursos políticos, las reuniones de conventillo, todos usan de una u otra manera esta palabra que repentinamente ingresó al vocabulario coloquial y se impregnó como si fuera parte del cotidiano. “San Pedro, epicentro de la guerra...”, “le declara la guerra a...”, “vientos de guerra en la frontera de Brasil con Paraguay...”, etcétera.
¿Qué? ¿Cómo? ¿Por qué?
El ser humano guerrea desde que está sobre el planeta. Ya en las lejanas eras cavernarias la defensa de territorios para asegurar la supervivencia, alimento para proseguir la evolución, mujeres como fin de perpetuación de la especie, etcétera, eran prácticas hasta instintivas. Muchos pueblos no hubieran sido lo que son sin la aplicación bélica. Pero, acá y en este tiempo, ¿qué estamos queriendo decir cuando agitamos esa palabra como si fuera un juego casi perverso (o de mucha ignorancia)?
Los periodistas -algunos, porque no todos son sensacionalistas- hablan a boca llena de eso. Que en San Pedro se sitúa una guerra de ocupaciones, que el Gobierno no permitirá un milímetro de agresión de Brasil o que Brasil enarbola amenazante una imaginería bélica que hace temer una guerra por la causa Itaipú.
¿En realidad se entiende de lo que se está hablando? ¿O es que en el fondo deseamos que las tales guerras se produzcan? Habrá muchas justificaciones. Excusas, argumentos -lúcidos o absurdos-, análisis profusos. Que es una metáfora, que es una expresión idiomática. Todo. Pero..., en realidad, ¿existe?
Sun Tzu, el general chino, gran estratega y cientista político, decía que la guerra es el mayor conflicto de Estado, la base de la vida y la muerte, el Tao de la supervivencia y la extinción. Y otros autores le ampliaron el uso a conflictos reales o ficticios, no armados, etcétera.
Paraguay, sus regiones, su gente, sus fronteras, su relación con otras naciones, ¿están en esa condición beligerante? Tratemos de leer más allá de las expresiones visibles. Lo que existen son muchos, muchísimos problemas, pero ¿ello es una guerra?
Que existe una reacción de terra-no-tenientes contra terratenientes, o de campesinos contra sojeros, o contra ganaderos, es verdad. ¿Esa es una guerra? Por el contrario, es más la prueba y el reflejo de la incapacidad de los poderes del Estado, de los gobiernos sucesivos y actuales, para equilibrar los beneficios entre la gente; y de indolencia para responder a las necesidades reales de la población.
¿Que hay posibilidades de guerra con Brasil por los ejercicios y declaraciones de ciertos generales? No haría falta. Ya están acá. Sin un tiro marcan la agenda oficial.
Entonces, ¿de qué se habla cuando se habla de guerra? Suena a irresponsabilidad política, periodística y gubernamental. La guerra no está a la vuelta de la esquina, como tampoco lo está la revolución, como anunciaban los marxistas en las décadas del 60 y 70.
La única ?guerra? que debería emprenderse es contra la mala administración de los recursos y los bienes públicos, la evasión empresaria, la especulación económica y financiera, y la incompetencia de los hombres del Estado. Ésa sí sería, finalmente, una garantía de ?Paz?.