Con un promedio de 4.87 y recibiendo la medalla de honor otorgada por el decano de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), Osmar Cuenca Torres, el doctor Juan José Ahrens Cano habló sobre la realidad de la salud en el país durante su discurso de graduación.
Expresó que actualmente el país vive una situación insostenible que viene arrastrándose desde hace años. Un sistema roto desde la raíz, sumergido en la corrupción y en el nepotismo. Mencionó que muchos jóvenes, incluso él, han perdido la esperanza en el país.
“Duele como no solo a veces no se nos abren las puertas sino que se nos las cierran. La medicina merece ser ejercida de forma digna con evidencia y tecnología”.
Lamentó que muchos profesionales capaces, entre ellos jóvenes, no solo del ámbito de la medicina, tienen que abandonar el país al no encontrar la posibilidad de progreso y de expandir sus límites. Esto ocurre muchas veces por la falta de recursos, infraestructura y oportunidades. Esta situación -remarcó- es la prueba de un Estado que expulsa a quienes pueden transformar la realidad.
“Y golpea fuertemente ver como no existen recursos para la atención pública. Como no existe una infraestructura que podamos denominar realmente salud pública. Desde el internado rotatorio en el Hospital de Clínicas tuvimos la oportunidad de presenciaren primer plano la carencia total del sistema”, enfatizó el mejor egresado de Medicina UNA.
Resaltó también que, al igual que los médicos, otros trabajadores de la salud llevan adelante su tarea diaria a pesar de las condiciones deplorables que les toca enfrentar en el día a día.
Instó también a las nuevas generaciones de quienes trabajan por la salud a defender la excelencia de la formación académica y exigir condiciones dignas de trabajo.
Educación y universidades
En otra parte de su discurso, el joven doctor expresó que la vocación no debe ser una invitación a la explotación y el sacrificio impuesto por uno mismo. Recordó que a nivel mundial la salud mental en el personal de blanco prevé una verdad indiscutible: Un sistema que enferma a sus trabajadores es un sistema fracasado.
“No se puede sanar la vida de los demás a costa de destruir la propia. La renuncia masiva de los especialistas que ocurrió en las últimas semanas en los hospitales es realmente un acto de valentía. Nadie puede ejercer una medicina de alto nivel cuando la infraestructura colapsa y el Estado responde con imposiciones y decretos sin soluciones reales”.
Sobre la formación actual de los médicos, subrayó que muchas universidades de medicina que no están debidamente acreditadas ni cumplen con los criterios mínimamente establecidos por instituciones legales como el Cones. Hizo hincapie en que dichas casas de estudio no cumplen con su labor de enseñar, no cuentan con infraestructura necesaria e incluso sin prácticas hospitalarias.
En los últimos tres años hubo 15.000 nuevos médicos registrados en el país. Estos profesionales aparecen en un contexto-dijo- donde la mitad de la oferta académica no cuenta con esa acreditación mínima establecida por las leyes.
Expresó que esa es una responsabilidad del Estado, una labor esencial de la salud pública. “Pero también es un derecho del pueblo que debe ser reclamado. Eso significa defender la vida y la seguridad de nuestra gente ofreciendo calidad de máximo nivel posible”.