08 dic. 2025

Fuerte reclamo del cardenal: “No se puede traficar con dignidad humana”

Por la Jornada Mundial de los Pobres, Mons. Adalberto Martínez lamentó la pobreza extrema en la que viven muchos compatriotas, como los niños en situación de calle y ancianos abandonados.

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Misa. El cardenal Adalberto Martínez durante la celebración litúrgica de ayer.

GENTILEZA

Durante la homilía de la misa de los domingos en la Catedral Metropolitana de Asunción, el cardenal Adalberto Martínez, recordó la Jornada Mundial de los Pobres junto con el mensaje del papa Francisco.

“Hoy también podemos mencionar al Santo Padre, el Papa León XIV que nos deja un mensaje para la Jornada Mundial de hoy que estamos celebrando la jornada mundial de los pobres. Es una jornada que inició el papa Francisco. El papa León XIV en su mensaje hablaba de la ciudad de Dios refiriéndose a San Agustín y que es la ciudad de la justicia, es la ciudad que construimos y queremos construir en la fraternidad”.

En otro punto, lamentó la situación de pobreza de los jóvenes indígenas y de la trata de personas de gente que viaja desde el interior a otras ciudades para buscar un buen futuro y que hoy en día continúan desaparecidas.

“Hay una casa, por ejemplo, Mitã Róga, Kuña Róga que tienen como 40 jóvenes, indígenas, muy vulnerables y ese es un centro donde se las recibe y se las capacita como personas. Les dignifican en los estudios, en el cuidado y en varios campos en los que está el carisma de estas hermanas que es acoger y acompañar a las personas, especialmente aquellas que vienen del interior o aquellas que han sido víctimas de trata de personas. Increíblemente, todavía hay personas que trafican con seres humanos y esto clama al cielo, aún hay personas desaparecidas”, resaltó.

Asimismo, el religioso remarcó que no se puede traficar con la dignidad de las personas.

“No se puede traficar con la dignidad de las personas por cualquier motivo. Hay centros comunitarios en la Chacarita, tenemos un centro donde se atienden también a las personas vulnerables. Tenemos también pastoral penitenciaría donde ahí están los nuestros, tratando de contener y transmitir la palabra y darles anclas seguras en sus vidas para no desesperar en medio del encierro”, exclamó.

Pobreza extrema. El religioso recordó que actualmente hay cientos de personas que viven en situación de calle, como también muchos privados de libertad viviendo en deplorables condiciones.

“Muchos viven en situación de calle y hay hermanos, hermanas que los cuidan, otros no tienen identidad real. No van a creer, pero no tienen cédula, no saben cuándo nacieron ni dónde. Son aquellos que viven en periferias geográficas, existenciales, de identidades. Aquellos pobres, privados de libertad, muchos de nuestros reclusos y reclusas a veces en espera de condena hacinados viven en situación de extrema pobreza”, refirió.

También mencionó a los ancianos abandonados, los niños en situación de riesgos que viven hacinados en las casas y quienes sufren dentro de su propia familia por falta de afecto.

Finalmente, enmarcó que no solamente hay personas necesitadas de dinero, sino de escucha, que están atravesando por varios problemas.

“Hay personas necesitadas de escuchas, hay matrimonios que están en dificultades, en crisis y me alegra mucho que muchos otros matrimonios ayudan a otros a sobrellevar esas dificultades que tienen, a encontrar salida, de perdón, de reconciliación, aquellos que ya están por tirar la toalla digamos, porque la vida matrimonial no es tanto así como pensaban, sino que es una gran responsabilidad el tener que educar los hijos a veces en situación extrema”, aseveró el cardenal.

Caacupé: Desempleo es una plaga social

Monseñor Valenzuela, durante la homilía de la misa en Caacupé, hizo un fuerte llamado a la justicia social, identificando el supertrabajo y el desempleo como las dos manifestaciones más graves de la crisis laboral, cuya raíz es el egoísmo. Enfatizó en la necesidad de luchar por la dignidad del trabajo y que no exista desocupados.

El Obispo señaló que la falta de trabajo o desocupación acarrea dramas económicos, morales y psicológicos que hacen sentir al afectado inútil, llevándolo a perder la autoestima y la estima de sus propios familiares.

Enfatizó que frente a la plaga de la desocupación, la sociedad debe actuar con solidaridad y responsabilidad. Instó a solicitar y apoyar reformas que lleven a reducir “esta plaga”. Destacó que quienes tienen un trabajo deben ser honestos y pagar sus impuestos. Esta es una forma de ayudar a los conciudadanos menos afortunados a encontrar una oportunidad laboral.

Otra manifestación negativa en la relación humana con el trabajo es el exceso de trabajo o supertrabajo, que convierte la labor en el ídolo de la vida. En esencia, este es siempre el ídolo del dinero, que absorbe todos los días sin excepciones.

“El trabajo que obsesiona, por el cual se vuelve a casa y solo se vuelve a hablar de trabajo otra vez en la propia casa. ¿Cuántos matrimonios se vuelven estériles por este ídolo del supertrabajo”?

Sobre esta problemática, el religioso citó la máxima: “El trabajo es para el hombre, y no el hombre para el trabajo”. Cuestionó la ambición de trabajar más de lo necesario, sin dar espacio al descanso.

Advirtió que trabajar más de lo necesario y asumir compromisos extras es quitarles trabajo a otros.

“¿De qué te sirve acumular, ganar y ganar dinero, incluso el mundo entero si después se pierde tu vida y perdés todo? Le quitaste la oportunidad a otros por tu ambición, por querer ganar más, y esto va creando desocupados, te vas volviendo un ladrón de la mercadería más delicada de la sociedad que es el trabajo”

Valenzuela destacó la dignidad de todo tipo de labor al afirmar que el trabajo manual es muy digno como el trabajo intelectual y espiritual. Recordó que el trabajo forma parte de la naturaleza y no es un castigo, aunque la fatiga si lo es.

Por último, lanzó un llamado a luchar junto a los buenos empresarios, que realicen su labor con justicia, aunque ellos pierdan, “estos empresarios que vigilan a los trabajadores como si fueran sus hijos”. Por una sociedad más justa y donde haya paz para todos. K.G.

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Obispo de Cordillera, Ricardo Valenzuel

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