Refiriéndose a la Sagrada Eucaristía, Santo Tomás escribió que “Cristo instituyó este sacramento y lo dejó a los suyos como singular consuelo en las tristezas de su ausencia”.
Para explicar que la Eucaristía es fuente de alegría, Juan Pablo II afirmó en una homilía: “Cada vez que nos reunimos en la Eucaristía somos fortalecidos en la santidad y renovados en la alegría, pues la alegría y la santidad son el resultado inevitable de estar más cerca de Dios. Cuando nos alimentamos con el pan vivo que ha bajado del cielo, nos asemejamos más a nuestro Salvador resucitado, que es la fuente de nuestra alegría, una alegría que es para todo el pueblo (Lc 2, 10). Que la alegría y la santidad abunden siempre en vuestras vidas y florezcan en vuestros hogares. Y que la Eucaristía sea el centro de vuestra vida, la fuente de vuestra alegría y de vuestra santidad”.