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A poco de cumplirse quince años de los trágicos sucesos del denominado marzo paraguayo, Luis Ángel González Macchi, el hombre que alcanzó la presidencia de la República sin habérselo propuesto siquiera, rompe, habla de aquellos terribles días y de las numerosas polémicas que salpicaron su administración como el caso de los USD 16 millones. Un ex mandatario que parece no tomarse nada demasiado en serio, un personaje que parece salido de una comedia y que, notablemente, abandonó el poder dejando un país en crisis y, sin embargo, nadie parece guardarle rencor. Esta es la nota.
–¿Cuándo se enteró de que se habían desviado ilegalmente millones de dólares de dos bancos en liquidación, y que los principales gestores de la operación se habían reunido antes con miembros de su familia, en la casa de su padre, y que su propia hermana había firmado contratos con los estafadores que recibieron el dinero robado?
–Me entero de todo eso cuando se publica en los diarios. Ahí me entero que Julio González Ugarte (era director del BCP y terminó preso por este caso) estuvo en la casa de mi padre hablando con José Ignacio (hermano del ex presidente, por aquel tiempo juez y luego abogado defensor de González Macchi).
–Y qué suscribieron, contratos de ayuda financiera con su hermana (Judith) en Miami...
–Así mismo.
–Y hasta entonces, ¿usted nada sabía del tema?
–Nada.
–Y su familia, ¿nunca le contó de estas reuniones y de estos acuerdos?
–Nunca.
–¿Y qué sintió cuando supo?
–Lo que yo sabía es que había mucha gente hablando de esta supuesta ingeniería financiera, de estas operaciones de alto rendimiento, y fue entonces que un amigo ya fallecido, Óscar Malatesta, me presenta a un norteamericano que viene con una oferta de estas. Y yo le digo que soy abogado, no economista y que prefiero consultar. Y así lo hice, le pedí al doctor Washington Ashwell, entonces presidente del Banco Central, que analice qué se podía hacer con estos temas. Y el aprovechó un viaje a los EEUU y consultó y ratificó lo que ya me había adelantado, que no había que meterse en estas cuestiones, que no existían esas operaciones mágicas.
–¿Y qué le dijo su hermano, José Ignacio, sobre estas reuniones en casa de su padre, de las que usted dice que jamás le informaron siquiera?
–Y nada... lo que pasa es que administrativamente yo no tenía que firmar nada, yo no tenía que aprobar nada. Ellos podían remitir, como de hecho remitieron. El Ejecutivo solo habla a través de sus decretos... y no, nada firmé sobre ese tema. Lo que pasa es que esos fondos no eran del Estado paraguayo.
–Eran de dos bancos bajo un proceso de liquidación administrado por el Estado.
–Pero era el dinero de los ahorristas, de vos, de mí, del que se le llevó la plata.
–¿Y cuál fue su reacción cuando supo que aquel famoso paseo en un yate lujoso en la costa de Miami había sido pagado por Juan Manuel Ávila, uno de los estafadores que se llevaron el dinero desviado de los bancos?
–Yo ni sabía cómo se llamaba el tipo que se llevó la plata.
–Es más, fue hasta el hotel para encontrarse con usted
–Cierto, fue Lincoln (Alfieri, ex director de Protocolo del Palacio) el que me dijo que estaba ese hombre en la recepción y que quería hablar conmigo. Y ya cuando eso estaba el tema en la prensa, por eso sabía de qué se trataba. Y yo le dije que nada tenía que hablar con él. Ahora, yo no sabía que nuestro cónsul le había dejado a este hombre pagar lo del yate porque él (el cónsul) no tenía efectivo. Después yo mismo puse de mi viático unos tres mil dólares para que se pague el yate.
–Y cuando este tema se convierte en causa para un juicio político y le inician el proceso, ¿usted tuvo que entregar cargos o ceder espacio para evitar que hubiera los votos suficientes?
–No, nunca me presionaron ni me pidieron nada.
–¿Eran todos angelitos?
–Lo que pasa es que es muy difícil que a mí alguien me presione, si me conocen ni lo intentan.
–No le destituyeron por muy poco. ¿Por qué fue que no hubo los votos suficientes... fue Nicanor?
–Nicanor...
–Nicanor (Duarte Frutos) era entonces presidente del partido y candidato a sucederle por la ANR.
–Yo le llamé y le dije que si me iba en febrero o en agosto me daba igual, pero le pregunté si estaba seguro de que la gente que quería tomar la presidencia le iba a entregar el poder después.
–¿Y ahí Nicanor paró el tema?
–Así mismo.