Por Yan Speranza | Director del Club de Ejecutivos del Paraguay <br/><br/>En los últimos días recorrió el mundo una noticia sumamente interesante. Se refiere a la campaña denominada La Promesa de Donar (The Giving Pledge, originalmente en inglés), dirigida a los grandes millonarios de los EEUU, que consiguió que unas primeras 40 familias comprometieran donar al menos el 50% de sus fortunas, lo que sumaría alrededor de US$ 120.000 millones, una cifra impresionante.<br/><br/>Esta campaña fue lanzada hace un año por Bill Gates, el conocido fundador de Microsoft –actualmente trabajando a tiempo completo en la fundación que también creó– y Warren Buffet, el tercer hombre más rico del mundo y dueño de una compañía de inversiones, donde continúa trabajando. El objetivo de ambos es promover la filantropía dirigiéndose primeramente a los 400 hombres y mujeres más ricos del planeta, y llegar a una meta inicial de recaudación de unos US$ 600.000 millones, que se lograría si solo la mitad de estos 400 accediera a participar en esta cruzada. Para tener una idea de los montos de los cuales hablamos, esto sería algo así como 40 veces el producto interno bruto (PIB) del Paraguay.<br/><br/>La lógica detrás de la campaña se puede resumir en el lema Dar a los demás, hace tu vida más rica. Es interesante ver cómo la misma está generando el suficiente ruido mediático a nivel mundial. Y esto, de alguna manera, puede ayudar a despertar la necesidad de reflexionar sobre el verdadero sentido de acumular inmensas cantidades de fortuna ante la alternativa de colaborar activamente en la solución de tantos problemas globales que tenemos en frente. Desde esta perspectiva, la contribución al debate global sobre estos temas –incluyendo, por supuesto, a nuestro país– puede ser aún más importante que las sumas recaudadas.<br/><br/>Pero, igualmente, he escuchado ciertos comentarios referidos a que las empresas también deberían hacer lo mismo y aumentar sus donaciones como una forma de responsabilidad social empresarial. Y creo que acá corremos el riesgo de caer en un error conceptual, pues la filantropía no es igual a la responsabilidad social empresarial (RSE).<br/><br/>La RSE es, antes que nada, una forma de gestionar los negocios incorporando determinadas prácticas con todos los públicos con los cuales se relaciona una empresa. Esto incluye, por ejemplo, acciones éticas y transparentes con los clientes, proveedores, colaboradores internos, competidores, gobierno y sociedad. <br/><br/>Cuando las empresas trabajan seria y profesionalmente este tema, tienen un potencial transformador enorme, que proviene justamente del poder que las mismas han ganado en todas las sociedades en las últimas décadas. Solo para dar un ejemplo, Walmart –la cadena de supermercados más grande del mundo– tuvo una facturación en el 2009 de US$ 401.000 millones. ¡Lo que sería aproximadamente un 30% más que todo el producto interno bruto de un país como Argentina o unas 27 veces más que toda la economía paraguaya!<br/><br/>Y así en cada país podemos encontrar sólidos grupos empresariales que tienen una importante influencia en todo el quehacer nacional. Por ello, con semejante poder, debe venir acompañada una mayor responsabilidad, traducida en acciones en todos los ámbitos mencionados e incorporada a la propia gestión estratégica de los negocios. Las donaciones empresariales si bien también forman parte de sus programas de RSE, si están dispersas y desconectadas de su estrategia, son coyunturales y tienen poco impacto. Y se convierten efectivamente en filantropía, con un potencial transformador mucho menor. De las empresas debemos esperar RSE, no filantropía.<br/><br/>Necesitamos incrementar la dosis de ambos, de la filantropía y de la responsabilidad social empresarial, pero debemos entender que se refieren a dos conceptos distintos que, en la medida que puedan complementarse, tienen el poder de ir transformando tantas de las cosas que nos parecen inaceptables en nuestras sociedades.<br/><br/>