El amigo y colega Felipe Méndez fue una persona excelente, cuyas pasiones, la aviación, la comunicación y la docencia, se conjugaban para dar un solo resultado: el servicio a los demás. Conocí poco a Felipe, lastimosamente no puedo decir que éramos amigos muy cercanos, pero las veces que me tocó compartir con él, en las coberturas periodísticas y otros diálogos ocasionales, fueron suficientes para saber que se trataba de un profesional ejemplar, que no dudaba en pasar la mano y decir sí a la hora de ayudar.
La vocación pedagógica de Felipe era tal, que hasta su trágica partida en la ciudad china de Shenzhen nos enseña algo muy importante a todos los paraguayos y espero que los políticos también lo asimilen pronto: no podemos seguir dando la espalda a la República Popular China.
Nuestra endeble política exterior ya no puede ni debe, en pleno siglo XXI, estar ajena a las relaciones con el gigante asiático, que según muchos especialistas, moverá la economía mundial en los próximos años. Se necesita empezar a unir lazos diplomáticos para evitar que más compatriotas estén desprotegidos, ya sea cuando viajen a la nación china, o cuando realicen negocios con empresas de aquel país.
Cuando Paraguay y Taiwán forjaron su alianza (apoyo político por donaciones), en la década de los 50, eran otros tiempos, muy distintos. El pacto automáticamente cerraba las puertas a la China comunista, que en aquella época podía ser mal vista por la mayoría de los países de Occidente, dada su lucha armada, invasión al Tíbet y demás acontecimientos. Pero los años pasaron, la historia siguió su curso y actualmente en Sudamérica solo Paraguay evita tener relaciones diplomáticas con Beijing (o Pekín).
Es una pena que en nuestro país aún se prefiera seguir aplicando el modelo económico de aceptar donaciones taiwanesas de diversas índoles, antes que salir a buscar y lograr un desarrollo real. Vale mencionar que, sin un nexo político oficial, las importaciones de productos paraguayos que hace China Continental alcanzan cantidades siderales y las cifras crecen cada año.
El progreso de Paraguay, en todos los campos (económico, científico, tecnológico), no debe estar supeditado a donaciones. Y a nivel social ya no podemos estar aislados.
Los familiares de Felipe no tienen por qué sufrir penurias al esperar que un país ajeno a los hechos (como en este caso es Argentina) tenga que hacer los trámites de repatriación para que podamos darle el último adiós a nuestro compatriota. Ningún paraguayo debería sufrir el abandono de su Estado.
Amigo, tu prematura partida no fue en vano. Sé que, hasta con tu último suspiro, has enseñado una lección a tu patria.