Una nueva explosión se registró hoy en Colombo cuando los artificieros intentaban desactivar una bomba hallada cerca de una de las iglesias en las que el domingo se produjo uno de los atentados, aunque esta vez no hubo víctimas.
La bomba fue hallada por la Policía cerca de la iglesia de Saint Anthony, situada en el norte capitalino, y explotó cuando los artificieros intentaban desactivarla.
“Se hallaron 87 detonadores en la estación de autobuses privada Bastian Mawatha de Pettah”, un barrio de la capital esrilanquesa situado a medio camino entre los hoteles y la iglesia donde el domingo se registraron explosiones. Doce detonadores estaban desperdigados por el suelo y los otros 75 en un vertedero de basura.
Siete suicidas participaron en los ataques contra iglesias y hoteles de lujo en Sri Lanka que mataron a más de 200 personas e hirieron a más de 500, dijo un investigador, mientras que un portavoz del Gobierno aseguró que está involucrada una red internacional.
Dos de los suicidas se inmolaron en el lujoso hotel Shangri-La, en el paseo marítimo de Colombo, dijo un alto cargo de la división forense del Gobierno.
Los otros eligieron como objetivo 3 iglesias y otros 2 hoteles. Un cuarto hotel y una casa ubicada en un suburbio de la capital Colombo también fueron atacados, pero no está aún claro cómo se llevaron a cabo esos atentados.
Sri Lanka buscaba ayer a los responsables de la ola de atentados suicidas, un baño de sangre atribuido a un movimiento islamista local y cuya investigación intenta determinar posibles conexiones internacionales. Aunque los ataques aún no han sido reivindicados, la presidencia decretó el estado de emergencia a partir del lunes a medianoche.
Antes que las autoridades de Sri Lanka los acusara de los atentados del domingo de Pascuas que dejaron casi 300 muertos, la principal hazaña cometida por el grupo islamista local National Thowheeth Jama’ath (NTJ) fue atacar estatuas budistas
temor de católicos. ”Tengo miedo, por supuesto. Pero debemos ir a la iglesia”, confiesa Ranjan Christopher Fernard, un taxista cristiano que pretende ir a rezar con su familia por los muertos de los atentados, desafiando al temor. Este hombre de 55 años vive en Negombo, donde la iglesia de San Sebastián fue blanco de uno de los ataques. Uno de sus amigos perdió a su hijo de 11 años. “Tengo miedo, por supuesto”, dijo. “Pero tenemos que ir a la iglesia, tenemos que orar por los heridos, para que mejoren rápidamente. Esta noche todos iremos a la iglesia a orar por las víctimas”.