Correo Semanal

¿Existe aún la idea europea?

Europa, en su pensamiento, es todavía símbolo del saber profundo y democrático. Ese continente fue generoso con sus ideas siempre. Ella casi constituye la síntesis del pensamiento universal.

Pedro Gamarra Doldán
Investigador

Para el mundo llamado occidental, el pensamiento europeo era a no poco la brújula y la síntesis de toda expresión.

Ciertamente este continente abarca en esta última centuria, y poco más, el escenario de dos guerras mundiales, que significaban la capacidad de generar la muerte en escala mayor. Pero ese tránsito mortal, tal vez, fuera por el punto tan alto de su influencia mundial. Europa era dueña de África, Asia, Oceanía, y con elevada penetración en Latinoamérica.

Si desde el continente europeo se prodigaba, no solo el poder imperial, económico, militar… primaba muy fundamentalmente lo cultural y sus líderes: Sus corrientes culturales, la clara idea que “Europa” arropaba las bases del estilo y las formas del pensamiento universal, y parecía que inacabablemente retendrían y contendrían ese continente.

Así, Octavio Paz, el gran escritor mexicano, podía llamar al surrealismo francés “el último alarido de Europa”, y así era. Europa, con gritos o alaridos, lideraba el mundo.

Y si, ciertamente, tal vez, la base estuvo en que Europa dejó de ser frontal y enfrentada, para que, a partir de Schuman y Monet, llegase al Pacto de Roma, 1957, la “Unión Europea”.

El continente ya no contraponía fuerzas, sino ideas y comercios comunes, y eso no le hizo bien. A más, al volverse enorme en lo económico, el continente (con 27 estados asociados) no se esforzó mayormente en lo cultural, sino solo en el producto interno bruto (PIB).

LA PÉRDIDA DEL PODER

Al concluir la Primera Guerra Mundial, se instala en Ginebra, Suiza, 1920, la Liga de las Naciones, que busca ser foro mundial de ideas políticas.

No lo logró y así vino la segunda hecatombe mundial (1939-45), que desemboca en 1945 en las Naciones Unidas, bajo tutela norteamericana y soviética, que aparta de Europa a ese centro vital, y lo traslada a Nueva York, ciudad simbólica del nuevo mundo económico. Las legaciones políticas yo no iban al continente europeo, lo hacían al nuevo continente, y a la fuerza tonante de su comercio… y sus armas.

Europa controla ya solo lejanamente a África y Asia. Lo mismo ocurre con Latinoamérica. Sus egresados universitarios prefieren las rutilancias norteamericanas y a sus centros de estudiantes, preferentemente en lo económico y al idioma que allí se habla.

Tal pareciera que las ciencias sociales y humanísticas son ya solo la periferia de la investigación humana.

Europa ¿tiene aún valores?

Sin duda alguna que sí, y sus universidades son los castillos feudales de su única cultura, en todos sus aspectos.

Europa, en su pensamiento, y con lenguas romances o no, es todavía símbolo del saber profundo y democrático. Ese continente fue generoso con sus ideas, siempre; ella casi constituye la síntesis del pensamiento universal.

Pero esas ideas deben servir, y mucho más. Con solo prestar atención al lugar donde iban a estudiar, leer, aprender, vivir o convivir (1900 -1980) destacados paraguayos, estudiantes o profesionales. Era el continente que exportaba ideas y liderazgo.

Si observáramos hoy a Europa, no encontramos líderes universales en el 2020, solo se podrá citar al papa Francisco, por su liderazgo moral y renovador, o a Vladimir Putin, en Rusia, más por la fortaleza de su personalidad.

Conste que esa falta de verdaderos líderes, es totalmente universal, no se encuentra en ningún continente alguien que pueda significar fuerzas positivas individuales, y aún las colectivas.

De nuestro continente, ¿dónde están los actuales representantes de estas personalidades? Los Haya de la Torre, Neruda, Goulard, Paz Esstensoro, Lázaro Cárdenas, José Vasconcelos, el Ché Guevara, Natalicio González, Carlos Pastore, Gabriela Mistral y tantos otros, que nos gusten o no, representaban una forma de ser o sentir el mundo y las ideas.

UN MUNDO ACOMODADO

La crisis de salud que soporta el mundo expuso, más que nunca, la falta de líderes populares positivos, líderes culturales, científicos, pensadores y afines. Cada país y cada persona, en una cápsula que nos hace sentir y olernos ante la atonía del continente europeo, y su magro tiempo.

Y por qué no, así como Spengler podía escribir en 1920 La decadencia de Occidente, por ósmosis hoy sería: “La decadencia del mundo”.


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