País

Evitan que cuidacoches estén en las calles cercanas a Nueva Olla

 

Algo que para muchos resultaba imposible de lograr se dio ayer en la primera final única de la Copa Sudamericana que se disputó en nuestro país: evitar la presencia de cuidacoches en los alrededores de La Nueva Olla y su extorsión hacia los extranjeros, propietarios de automóviles, que acudieron a disfrutar del espectáculo deportivo.

En competencias de gran afluencia de público o eventos nocturnos, donde los mismos cobran por un servicio no solicitado, sumas que oscilan entre los G. 20 mil y 50 mil, son los abusos a los que la ciudadanía se acostumbró ante la inacción de las autoridades que deben velar por su seguridad y sus intereses.En esta ocasión, se tuvo el amparo promovido por el defensor del Pueblo, Miguel Godoy, para impedir la presencia de los trabajadores informales, el cual fue admitido por la jueza de la Niñez y la Adolescencia, María Luisa Bajac, la que libró oficio a la Policía Nacional para el cumplimiento de la disposición.A todo eso se sumó el comunicado de la Junta Municipal en el cual deja en claro que no existe ordenanza alguna que obligue al pago de un canon por el estacionamiento en la vía pública y que la utilización de los espacios es libre y gratuita.El jefe policial de la Comisaría Cuarta Metropolitana, comisario Richer Rodas, resaltó que en cada cuadra se dispuso un plantel de entre cuatro y cinco agentes para desalentar la presencia de estos cuidadores de autos.PANORAMA. En el perímetro comprendido entre la avenida Estados Unidos y las calles Yegros, Cuarta e Itá Pirú (11 Proyectada), que fue totalmente vallado, estaba prohibido el ingreso de rodados de hinchas y solo podían hacerlo los frentistas que fueron censados previamente, con todos los datos de sus respectivas máquinas.En los alrededores del estadio no se vio a los trabajadores informales que se encuentran agremiados en la Asociación de Cuidadores de Vehículos de Asunción y el Área Metropolitana, con sus chalecos reflectivos.Solo en arterias que estaban fuera de esa zona vedada se pudo ver a gente que munida de un paño naranjado atropellaba a cualquier conductor que aparecía con vehículos que tenían matrícula argentina. Muchos de estos extranjeros indicaron indignados que les pedían montos que iban entre los G. 20.000y 30.000 para hacer uso del lugar de estacionamiento.Otro aspecto que conspiró contra las pretensiones de los cuidacoches fue el que la mayoría de los fanáticos argentinos optó por venir a pie desde la avenida Costanera, sector en el cual pasaron la noche previa al encuentro entre los equipos de Colón de Santa Fe (Argentina) e Independiente del Valle (Ecuador).Asimismo, los buses que trasladaron desde el vecino país a estos seguidores de la casaca roja y negra se ubicaron en puntos más lejanos del estadio General Pablo Rojas, ubicado en barrio Obrero. Estas enormes máquinas se quedaron aparcadas sobre la avenida Ygatimi, en las inmediaciones de la Plaza Italia, desde donde cientos de colonenses fueron caminando hasta La Nueva Olla Azulgrana.Sin dudas, el negocio no se dio para los cuidacoches pero sí para aquellos que improvisaron puestos de venta de agua mineral, gaseosas y alimentos de todo tipo, principalmente hamburguesas, asaditos, chorizos, entre otros.
Efecto. Piquetes policiales y amparo desalentaron la presencia masiva de trabajadores informales.

negocio. Muchas personas improvisaron puestos de alimentos y agua en los alrededores del estadio.

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“Los paraguayos son muy hospitalarios”
“Apenas termine el partido ya nos vamos. Vinimos en bus, en un grupo numeroso. El viaje es muy largo y cansador y ojalá el retorno sea fluido. Es linda Asunción. Se come barato, hubo promociones en los shoppings. Los paraguayos son muy hospitalarios y se nota el cariño de la gente de acá por Colón. La experiencia es maravillosa”.

“Todo sacrificio vale la pena por Colón”
“Vine en silla de ruedas a ver esta final única. Hicimos 24 horas de viaje desde Santa Fe hasta Asunción y ya directo, sin descansar, fuimos al estadio para alentar a nuestro club. Todo sacrificio vale la pena sufrirlo o vivirlo por Colón. Aquí no se siente el excesivo calor ni el cansancio ni nada. Vinimos a apoyar como sea a los colores que amamos”.

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