Rubén Flores se dedica a esta noble labor desde hace aproximadamente 30 años, ubicado frente al santuario con sus caballitos y esperando a los feligreses.
Durante las misas del novenario está instalado en las inmediaciones de la Basílica, pero al finalizar la homilía lleva a “sus compañeros de trabajo” hasta la explanada, donde esperan a grandes y chicos para plasmar en una imagen el recuerdo que llevarán por solo G. 15.000.
Rubén recuerda que anteriormente el proceso de revelado de fotografías era muy diferente, “todo era manual”, sin embargo con la llegada de la tecnología todo es más práctico y rápido, indicó.
“Ore perhudicái avei, porque mientras yo estoy sacando una foto viene una persona se coloca al lado del caballito, saca fotos con su celular y ya se va”, comentó entre risas.
Flores agregó que tomarse una fotografía con el caballito y la Basílica de fondo es una tradición para chicos y grandes. Y hasta deja subir a personas de 100 kilos para ser fotografiadas.
La foto va montada sobre un pequeño álbum con la forma del santuario, inscripciones alusivas a la fecha y al dorso una breve historia.