Correo Semanal

Espáñape ojehopa

 

Mario Rubén Álvarez

Algunos le reclaman al cancionero popular paraguayo –al antiguo, que data de la década de 1920 y se extiende más o menos hasta 1950; al intermedio, de tiempos del stronismo, desde mediados de 1950 hasta 1989 y a los que aparecieron ya en tiempos de la llamada democracia de los últimos 30 años– su falta de mayor anclaje en las realidades lacerantes de nuestro país.

Hasta el fin de la dictadura hay poesía musicalizada de hondo contenido socio-político como –por citar rápidamente– Mboriahu memby, de Emiliano R. Fernández; Mi patria soñada, de Carlos Miguel Jiménez y Agustín Barboza; Canto del hachero, de Hérib Campos Cervera y Agustín Barboza; Renacerá el Paraguay, de Néstor Romero Valdovinos y Herminio Giménez; Tuku karu, de Máximo Torales; Bandera es de su pueblo, de Félix de Guarania y Dionisio Arzamendia; y ¡Viva! y Canto de esperanza, de Carlos Noguera, entre otras canciones.

La orientación temática de esas obras es la excepción dado que el caudal más torrencial de la producción entre 1920 y 1990 gira en torno al amor perdido de una mujer, la nostalgia por la patria y por el valle, la naturaleza, el amor a la patria y las guerras.

A partir de la caída del régimen autoritario, empieza a cobrar fuerza el despectivamente llamado purahéi jahe’o arraigado en lo campesino. Se había incubado ya en los últimos años de la dictadura, pero todo su potencial se expresa posteriormente.

En el nombre de purahéi jahe’o –música lastimera, llorosa– hay una actitud de menosprecio y un intento de invalidación de la música del área rural, pero también urbana, de pueblos del interior. A partir de la forma arrastrada y de aire entristecido del canto que recuerda en parte a las canciones de los estacioneros de Semana Santa se le dio esa denominación.

Nadie ha mirado más allá de lo fenomenológico, lo que aparece en lo musical y en los textos poéticos para descubrir que en esa expresión poético-musical limitada en calidad estética está la dolorosa realidad de nuestro pueblo pobre que, a pesar de ello, alza su voz para cantar su inquietante panorama socio-cultural.

A diferencia de los temas del cancionero popular tradicional manifestado en polcas, guaranias y otros ritmos, la materia prima de la poesía musicalizada es la realidad circundante, lo que le pasa en el presente a los agricultores y a los que viven en situación de pobreza en las periferias de las ciudades. Bastará mirar algunos títulos de letras para corroborar esta afirmación.

Migración

En lo que atañe a la migración, estos son algunos de los títulos y autores: Espáñape ojehopa, de Alipio Yegros, cuya letra se transcribe en esta página; Ouse jey la patrona, de Antonio Ocampos; Ojehopa Paraguáigui, de Primitivo López Córdova y Paraguay ko rehejáma, de Eladio Flor.

Del área de la comunicación que irrumpió en el mundo a partir de la década de 1990 con su caballito de batalla, el celular, son Chemoproblema che celular, de Mario Alfonzo; Che trampeapa la che celular, de Sixto Antonio Báez; Remboguerei la nde celular, de Eligio Mujica y Nacheaguantavéi la che saldo, de Antonio Ocampos.

La crítica social está en Tuja novilléro, de Amado Olmedo; Tuicha la nde sáko, de Mario Alfonzo; Arriéro inamichãiva, de Emiliano Gayoso y también en Ikóche ramóva, de Vicente Aguilera.

La mujer está en Letradítagui che kyhyje, de Roberto Medina; Jacheamigapáma kuña patotéra, de Alberto Delgado; Igustomípa la móto ári, de Adrianito Meza y Kuña malaguélta, de Ignacio Benítez.

La identidad paraguaya es considerada por Francisco Aníbal Irala en tres versiones de Iporã ñande kultúra.

La pobreza está en Tuicha mba’e la soygue, de Porfirio López; Mboriahumi rupi che, de Roque J. Díaz y Lo que e la pláta, de Eulalio Orasalis.

La política muestra su rostro oscuro en Farra demokrásia, de Crispín Leguizamón; Político máu, de Pánfilo Saldívar y Ñande ríkopáta, de Mario Alfonzo.

Sirvan estas aproximaciones para tener alguna idea del universo expresado en el cancionero popular campesino.


Memoria viva

Espáñape ojehopa
Espáñape ojehopa
mbegue katu pe ipahápe
ha che apyta ko’ápe
che po che akã ariete
che noviami jepeve
oho sapy’aiterãicha
mamópa ni una carta
chugui arresivive.

Oho ramomeva’ekue
che renói mbyry ñe’ême
che recha haguâ iképe
py’yi chéve omombe’u
ko’ágã pe anome’u
che renói haguã mamópa
oiméne ko españólma
chupe omyakã raku.

Apyta che añorei
ryguasu ueveromícha
si oho la che pichúcha
opyta anga chehegui
Espáñape je oî
la vy’a ápe ha pépe
la imitva je upépe
ogana porã voi.

Oiko jey che rehe
do veseha la ivaíva
che confiánsa rupíma
asêjey aperde
pasajerã pya’ete
préstamo ajapóma
nimbo ra’e la che nóvia
ohóta opytaite.
Letra: Alipio Yegros Música: Mario Alfonzo

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