Sin embargo, el Gobierno persiste en conformar dicho equipo con personas que no gozan de la confianza ni la legitimidad.
Las decisiones tomadas esta semana por el Ejecutivo fueron motivo de crítica, lo que era previsible, por el perfil de los nombrados en cargos estratégicos para la renegociación.
El Gobierno, en lugar de buscar mecanismos que mejoren su imagen, volvió a cometer errores que contribuyeron a minar todavía más su deteriorada legitimidad.
Frente a esta situación, el propio presidente Mario Abdo Benítez debió salir al paso ante la avalancha de críticas, señalando que él mismo liderará el equipo.
Esta aclaración es positiva, pero se hizo tarde, luego de haberse nuevamente generado un ambiente negativo que no contribuye en nada al clima político que requiere la negociación.
Los negociadores tendrán en sus manos una de las acciones más importantes para el futuro del país.
Además de idoneidad técnica e impecable trayectoria ética y profesional de las personas que lo integren, la negociación debe realizarse en un contexto en el que la soberanía nacional y el respeto a los intereses paraguayos queden claros para la otra parte.
Entrar a una negociación con un equipo de dudosa capacidad técnica y reducida altura moral, con un liderazgo débil y en un contexto adverso, obstaculizará cualquier posibilidad de que el resultado sea la mejor opción posible para ambos países.
Si bien es cierto que después del incidente relacionado con la venta de energía y de los numerosos casos de sospechoso manejo de los recursos públicos durante la pandemia, el Gobierno perdió gran parte de la confianza ciudadana que tenía al asumir; pero todavía tiene tiempo de resarcir esa situación.
La renegociación del Tratado constituye una oportunidad para demostrarle al país que el Gobierno tiene vocación de servicio y que realmente representa los intereses nacionales de la mayoría. Pero si no cuenta con un equipo capaz de construir una propuesta, diseñar una estrategia y liderar el proceso, difícilmente, el país salga ganancioso en dicho proceso.
La renegociación debe ser una causa nacional, pero ello requiere de condiciones adecuadas, en donde converjan una propuesta técnica impecable y un liderazgo sostenido por el respeto y apoyado en la soberanía nacional y la ciudadanía.
Ojalá que el Gobierno no desperdicie la oportunidad que tiene con la renegociación del Tratado de Itaipú, la de cambiar la generalizada percepción de corrupción vinculada al sector público.
Conformar un equipo honesto y capaz será probablemente su mejor acción y uno de los pasos para que esta gestión no quede en la memoria histórica como un periodo que traicionó a la patria.