Opinión

El viacrucis del billetaje electrónico

Andrés Colmán Gutiérrez – @andrescolman

No hay derecho. La gente necesita viajar, ir al trabajo, al hospital, a hacer compras, a pagar cuentas, a buscar a los hijos, a hacer su vida, pero no puede, porque desde el 23 de octubre, si no tenés una tarjeta de boleto electrónico no te dejan utilizar ningún ómnibus del transporte público en Asunción y en las ciudades del área metropolitana. El problema es que conseguir dicha tarjeta resulta una misión más imposible que conseguir a un político honesto a quien elegir como autoridad en las elecciones.

La televisión mostraba el último viernes lo que pasó, por ejemplo, en el centro de Limpio: Filas de seis cuadras de personas aguardando bajo el sol para tratar de comprar una pinche tarjeta. Ciudadanos peleándose con otros ciudadanos por poder acceder a un servicio básico elemental. Tener que dejar el trabajo, la casa, la vida, para venir a formar colas interminables por más de cinco horas y cuando al fin te toca el turno te dicen que ya no quedan tarjetas para la venta, que se acabaron. No hay derecho.

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Los choferes narran dramáticos casos de personas que lloran ante las puertas de los buses para que les dejen subir y pagar en efectivo, porque perderán el trabajo si no llegan, pero las instrucciones son estrictas: sin tarjetas no hay viaje. Si no tenés, jodete.

El paso del pago en efectivo al uso de las tarjetas electrónicas para viajar en bus iba a ser, supuestamente, un salto a la modernidad. Eso nos habían dicho también cuando nos encajaron el fiasco del Metrobús. Un trámite sencillo y fácil para hacer nuestra vida más cómoda, más digna, más funcional, pero ya ven lo que sucede. La gente tiene que recorrer largas distancias a pie para encontrar un lugar en donde supuestamente venden, pero no hay. Entonces no queda otra que comprar de los revendedores del mercado negro, que acaparan la existencia y cobran el doble. La Secretaría de Defensa del Consumidor y el Usuario (Sedeco) comprobó la masiva reventa de las tarjetas, a un costo de G. 20.000 (100% más caro que el valor real), con un saldo de apenas G. 8.000 para los viajes. Nadie sanciona la especulación.

Las justificaciones ante tanto quilombo resultan indignantes. Los directivos del Viceministerio de Transporte le echan la culpa a la gente por no haber comprado reservas suficientes de tarjetas con antelación. ¿No deberían ser las autoridades las que deben garantizar que un servicio público de primera necesidad sea de fácil acceso y esté siempre disponible?

Para que se entienda: No estamos en contra de la implementación del billetaje electrónico. Es un sistema que puede resultar útil para mejorar en algo el arcaico servicio de transporte. Lo que cuestionamos es la manera chambona, precaria e irresponsable en que se implementan estos sistemas, sin prever los efectos ni tener planes de contingencias, provocando aún más padecimientos a los ciudadanos.

No hay derecho. Juegan con los más pobres. Conste que en el Paraguay nos plagueamos mucho ante las cámaras de televisión y en las redes sociales, pero nadie todavía pierde la paciencia y se pone a romper todo, como pasó en Chile. Encima, fija que una gran mayoría de los que hoy más sufren, en las próximas elecciones les vuelven a votar a los mismo inútiles y corruptos que permiten esta situación.

P.D. Finalmente, ayer decidieron suspender la obligatoriedad del billetaje hasta el 31 de diciembre.

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