11 sept 2026

El Sol, en su máximo de actividad magnética, pero “sin estridencias”

El Sol está en su período de máxima actividad magnética, una etapa “tormentosa” que puso en aviso a la comunidad científica, ya que se espera un mayor número de manchas en su superficie, erupciones y, eventualmente, tormentas solares. Pero todo parece estar dentro de la normalidad; no hay que ser catastrofistas, afirma especialista.

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El Sol está en su período de máxima actividad magnética, una etapa “tormentosa”.

Foto: Pixabay

Con 4.650 millones de años, nuestra estrella presenta un ciclo de once años (promedio) a lo largo del cual su actividad varía entre un mínimo solar y un máximo, y es en este máximo cuando puede existir mayor peligro para las conexiones por radio en la Tierra, las comunicaciones por satélite y los astronautas en el espacio.

“Es verdad que existen problemas potenciales relacionados con la actividad solar elevada, sobre todo cuando cada vez más dependemos de la tecnología, pero, si bien hay que ser conscientes de la incertidumbre que persiste en este tema, hay que evitar el sensacionalismo y el tono catastrofista”, afirma a EFE Héctor Socas-Navarro, investigador en el Instituto de Astrofísica de Canarias, archipiélago español del Atlántico.

En la actualidad el Sol está en su ciclo 25, que comenzó en diciembre de 2019, y, según anunció recientemente la NASA y la NOAA (Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de los EEUU), acaba de alcanzar su máximo, que podría continuar durante el próximo año.

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Un máximo, recuerda Socas-Navarro, que no llega de repente; es una transición suave de 5 o 6 años que luego tiene otra igual hasta alcanzar de nuevo el mínimo. Y así, aunque con variaciones, en cada uno de los ciclos.

¿A qué hay que atenerse?

En el máximo se registra una mayor cantidad de manchas solares que se aprecian como zonas más oscuras por su menor temperatura. Estas manchas suponen la manifestación más evidente de una actividad solar que se estudian con telescopio desde tiempos de Galileo Galilei.

No son lo mismo que las erupciones, pero existe una relación. El campo magnético de las manchas es el almacén que proporciona las provisiones energéticas para las erupciones, que son explosiones en las capas altas del Sol, y se manifiestan con un incremento del brillo y de la expulsión violenta de partículas cargadas eléctricamente.

Estas partículas expedidas a 1.000 o 2.000 kilómetros por segundo pueden perturbar el escudo natural de la Tierra, lo que podría dañar las comunicaciones.

Aunque poco probables, las tormentas solares –cuando los fenómenos solares consiguen perturbar la Tierra, no antes– pueden ocurrir y hay registros a lo largo de la historia.

El problema sigue siendo la prevención. Si bien una eventual tormenta solar puede conocerse con dos o tres días de antelación –lo que tardarían las partículas en viajar a la Tierra–, las consecuencias y su gravedad solo pueden calibrarse aproximadamente una hora antes, cuando se registra el campo magnético del evento por los observatorios estacionados a una hora de la Tierra.

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Por eso, como prevención, cuando se produce la expulsión en el Sol, se activan avisos que muchas veces terminan siendo falsas alarmas. Esto sirve para reaccionar y programar los satélites a “modo seguro”, apagando toda su electrónica sensible.

La actividad solar influye fuertemente en las condiciones del espacio, conocidas como meteorología espacial, apunta la NASA en su web. En los últimos meses ha provocado una mayor preocupación por los posibles impactos, pero también un aumento de la visibilidad de las auroras –se producen cuando las partículas solares cargadas eléctricamente chocan con la atmósfera– incluso en latitudes impensables.

En mayo de este año, “un aluvión” de grandes erupciones lanzó nubes de partículas cargadas y campos magnéticos hacia la Tierra, creando la tormenta geomagnética más fuerte en dos décadas, y posiblemente una de las exhibiciones de auroras más fuertes registradas en los últimos 500 años.

Fuente: EFE

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