César González Páez
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“Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como estés muerto y enterrado, escribe cosas dignas de leerse, o mejor aún, haz cosas dignas de escribirse”. Esta frase de Benjamín Franklin nos lleva a recordar en esta oportunidad a un hombre querido y recordado por muchos que conocieron su estilo periodístico y su personalidad. Su escritura y su humor son el sello personal que dejó para la posteridad. Aunque nacido en Argentina, Guillermo Ares cumplió en Paraguay una eficiente labor en el campo cultural, tanto en el ámbito periodístico, como en el literario y en el difícil género del humor. Nació en Lanús, provincia de Buenos Aires, un 20 de abril de 1923. Provenía de una familia de periodistas, al punto que cuando cumplió diez años ya era cadete del periódico Noticias Gráficas. Fue en 1942 que comenzó con colaboraciones periódicas en importantes medios de la época. Así fue ascendiendo en este ambiente hasta que le ofrecieron empleos de mayor jerarquía en Brasil en 1952, en una ocupación en la que también sobresalía, diseñador gráfico. En 1967 fue invitado por Humberto Pérez Cáceres para trabajar en el diseño de Abccolor, la creación del logo que luce ese medio hasta el día de hoy es de su autoría. Allí comienza su apego por el país, tras un lapso en Buenos Aires, regresa para trabajar en Noticias y Ñandé, hasta que en 1984 inicia su etapa de colaboraciones en Última Hora, en donde sobresalía por su página Dolce Vita, en el Correo Semanal, y sus Disloques. Esto último exigía un gran ingenio para entregar pequeños espacios reflexivos de humor.
RECUERDOS. Sus compañeros de redacción lo recuerdan con cariño y respeto. El escritor y humorista Mario Casartelli rememora: “Guillermo fue un hombre que cometió el “pecado” de hacer muchas cosas, y todas muy bien. Excelente periodista en redacción, excelente poeta, excelente dibujante y excelente diagramador (diseñador gráfico). Además, con una curiosidad permanente e insaciable. Pese a su avanzada edad, se mantuvo informado sobre lo que acontecía en el mundo. Y, lo más increíble, se manejaba con la informática como pez en el agua, igual que cualquier adolescente”. Guille, en el recuerdo del humorista Moneco López: “Era una enciclopedia con patas. Yo lo descubrí como lector en la contratapa del Correo Semanal de Última Hora. Era un deleite leer sus columnas. Y nunca supuse que llegaríamos a ser colegas en un mismo medio (este). Su mente era un reservorio inagotable de datos, cifras y anécdotas de toda laya, a la par que creaba inagotablemente esa inimitable literatura liviana, en apariencia, pero que encerraba verdades sorprendentes. Sufrió el revés de que un libro con sus cuentos, aforismos y poemas no fuera impreso a causa de un desinterés negligente de dos falsos mecenas. Guillermo Ares pudo haber sido un tótem viviente del periodismo, pero eligió ver lo que le tocó ver, desde las graderías. Fue un grande no asumido. Guillermo Ares, que falleció el 27 de mayo del 2002, publicó en vida dos poemarios: Senderos de juglaría y Evocando Sombras. Póstumo apareció el libro de memorias Tres líneas de doce. Trayectoria de un aprendiz de periodista, que editó Servilibro.